Cuando vas al médico porque te duele la columna y te quiere curar el tránsito intestinal – Por Francisco Díaz de Azevedo

Durante un tiempo me llamé a silencio. Hablar y escribir sobre coronavirus y epidemiología, lo considero un tema muy serio, y hay que ser extremadamente responsable, como para verter una opinión sobre esto.
 
Días atrás, se conocieron nuevas medidas por parte del Gobierno de Santa Fe, para cuidarnos, y para tratar de evitar más contagios, en un sistema de salud colapsado, en el que, durante el veranito que tuvimos – 5 meses – no se hizo absolutamente nada.
 
Cuando digo nada, y absolutamente nada, me refiero a nuestro Departamento San Martín. En los nosocomios de San Jorge y El Trébol, no se amplió la UTI, ni se adquirió aparatología, ni se tomaron nuevas medidas; es decir, no se hizo nada. Recibimos la segunda ola con las mismas armas que la primera y encima, con nuestros médicos y enfermeras agotados y heridos.
 
Argentina, que tiene el diario del lunes, porque todo lo que pasa, pasó 4 meses antes en Europa, siguió igual en todo y con la segunda ola, que hace 4 meses sabíamos que era más dura, hicimos la plancha.
 
Pero lo que más me llama la atención es la medida de la reducción horaria. Los gastronómicos deberán cerrar a las 23 hs y los gimnasios y clubes a las 20 hs.
 
Me pongo a pensar cuando trabajan más los clubes y los gastronómicos. Los clubes trabajan cuando los chicos salen de las escuelas y los adultos de sus trabajos. Es decir, desde las 18 a las 21 hs. son los horarios en que más se practica deporte.
 
En los gimnasios igual. ¿Cuándo un hombre o una mujer va al gimnasio? Generalmente después de las 19 o 19 y 30 cuando sale de laburar. ¿Resultado? El gimnasio está cerrado, no hacen deporte, no se esparcen, y así, créanme, se enferman más, no de covid, de esta angustia que padecemos.
 
¿Cuándo vamos a cenar a un restaurante?  A las 21 o 22, pero no vamos si nos rajan a las 23, no nos gusta comer mirando el reloj. Por ende, no vamos.
 
Yo voy a un gimnasio de acá. Me obligan a ir puntual. Tengo que llevar barbijo, al llegar firmo y juro, me toman la temperatura, me hacen encerar las pesas con alcohol cada vez que termino de usarlas y nadie se me acerca a charlar. Y me tengo que retirar a los 45 minutos. Posta!
 
Cuando voy al par de restaurantes que quedaron en la ciudad, el o la moza me atiende con tapabocas, tengo alcohol en gel en la mesa y hay trazabilidad.
 
¿Pero qué es lo llamativo de todo esto? Que el tema de los contagios no está ni en los gimnasios, ni en los clubes, ni en los restaurantes; mucho menos en las escuelas. ¿Y qué hacemos? Restringimos los gimnasios, los clubes, los restaurantes y las escuelas.
 
No me meto con las competencias de los fines de semana, porque sé que lo que quisieron hacer es reducir el tránsito y está bien. Igual, lo que contagia no es el partido de fútbol, ni de vóley, ni de tenis; sí la gente sentada en una tribuna sin barbijo y comiendo en un bufet sin distanciamiento. Y la hay. Si fuéramos más respetuosos de los cuidados, podríamos gozar de las competencias. Pero no. Somos vivos. Siempre.  
 
Estas medidas que tomó el gobierno nacional y provincial, son como ir al médico porque te duele la columna y el tipo te da un remedio para mejorar tu tránsito intestinal. No atacamos a la enfermedad en donde está.
 
Los contagios están en las reuniones multitudinarias, en las fiestas clandestinas, en los lugares cerrados que no cumplen con las medidas y en los espacios donde no existe el distanciamiento. ¿Entonces? ¿Por qué apuntamos al intestino y no a la columna?
 
No es una cuestión política. Es de sentido común.
 
Tenemos que controlar las noches, las juntadas, pero le sacamos una hora a un pobre profesor que se mata para hacer burbujas, comprar un termómetro electrónico y duplicar turnos para poder atender con público reducido.
 
Pero nuestra policía tiene 4 efectivos por turno. Cómo hacen para controlar? Y nosotros, como padres, somos cómplices de que el nene o la nena “se divierta”. Y nosotros, ya que estamos, vamos a alguna juntadita con 20, 30 o 50 personas para hacernos los “retros”.
 
¿Si ya tuvimos un veranito benévolo que nos dio un respiro, igual tenemos que seguir apañando a los nuestros porque … si no salen, los pibes se mueren???   ¡A la mierda con eso!!! ¡Y perdonen la palabra! ¡Los que nos morimos somos nosotros!!! ¡En nuestra zona se murieron 10 personas en la última semana!  ¿Y queremos seguir en el baile?
 
En 14 días de nuevas restricciones, la curva de la región no se aplanó. ¿Y adivinen por qué? Porque lo que restringió no contagiaba. Lo que nos está matando son las juntadas de todo tipo y toda edad. Pero no lo queremos entender y el médico sigue queriendo mejorar nuestro tránsito intestinal en lugar de tomar el toro por las astas y curar nuestra columna.

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