Se trata de uno de los procesos más importantes desde fines de la Segunda Guerra Mundial.

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Comenzó en Alemania un histórico juicio a una banda neonazi – Se realiza en Munich. El grupo llamado «Clandestinidad Nacional Socialista» está acusado de 10 asesinatos de inmigrantes. La Justicia alemana arrancó ayer uno de los mayores procesos judiciales contra neonazis desde la Segunda Guerra Mundial. En un tribunal de Múnich, capital de la rica región de Baviera, se juzga a Beate Zschäpe, única superviviente de un grupo terrorista neonazi llamado «Clandestinidad Nacional-Socialista» (NSU, en sus siglas en alemán).

Está acusada, junto a dos compinches ya muertos y cuatro cómplices, del asesinato de ocho inmigrantes turcos, uno griego y una agente de policía, en la última década. Además, la fiscalía les imputa dos atentados fallidos con bomba en dos barrios de inmigrantes en Colonia, al oeste del país, y el robo a 15 oficinas bancarias.

Se trata de uno de los juicios que despertó más expectativas en Alemania desde el final de la Segunda Guerra Mundial y podría durar más de dos años.

Además de revivir antiguos demonios alemanes, el juicio genera una viva polémica por la supuesta incompetencia –en algunos medios se ha llegado a hablar de complicidad– de los servicios de seguridad, que habrían tenido durante años a los sospechosos en su radar pero que no habrían actuado nunca contra ellos porque consideraban que los asesinatos eran simplemente ajustes de cuentas entre mafiosos de origen turco.

Zschäpe y sus dos compinches, Uwe Böhnhardt y Uwe Mundlos, se conocieron en la adolescencia y, aunque la relación personal del trío no está clara, hicieron amistad y se radicalizaron en ambientes neonazis hasta que en 1998 pasaron a la clandestinidad. Empezaron a cometer atentados en 2000 y su carrera criminal no acabó hasta noviembre de 2011.

Los servicios policiales, convencidos de que los asesinatos eran ajustes de cuentas entre la comunidad turca inmigrante, nunca utilizaron a sus infiltrados en los grupos neonazis, permitiendo que los tres acusados actuaran con impunidad más de una década.

En noviembre de 2011, tras atacar una sucursal bancaria y sabiéndose perseguidos, Zschäpe escapó y sus dos cómplices quemaron la caravana en la que se escondían y se suicidaron.

Entre los restos calcinados del vehículo, los agentes de policía encontraron el arma que se utilizó para cometer los diez asesinatos y un dvd en el que el trío reivindicaba todos sus ataques. La policía ni siquiera consiguió detener a Zschäpe, que tras cuatro días de fuga se entregó voluntariamente en una comisaría de Policía diciendo «soy la que buscan».

El proceso judicial, que ayer se aplazó por un tecnicismo y continuará la semana próxima, está lleno de controversia. Las familias de los asesinados quieren que se investigue también el papel de las fuerzas de seguridad.

Los familiares de las víctimas creen que la incompetencia policial fue cómplice indirecta de los asesinos porque entienden que si la policía llegó a acusar al entorno de los asesinados se debió principalmente a que se negaba a estudiar los indicios que apuntaban a movimientos neonazis y siempre negó el carácter xenófobo de los asesinatos.

Sebastian Scharmer, uno de los abogados de los familiares de las víctimas, dijo a la agencia AFP que esperaba «no sólo la condena de los acusados, sino también una discusión sobre el problema de la violencia de extrema derecha y del racismo en Alemania». La jefa del gobierno alemán, Angela Merkel, dijo sentir «vergüenza» por los fallos policiales.

El Bundestag (Parlamento alemán) puso en marcha el año pasado una comisión parlamentaria que está estudiando por qué la policía siempre descartó los indicios sobre grupos neonazis y no los investigó en serio mientras seguía acusando al entorno de las víctimas de los asesinatos e incluso destruyó documentos de la investigación.

Los jueces también deberían dictaminar por qué los servicios secretos, que habían vigilado al grupo a finales de los años 90, tampoco investigaron su participación en los crímenes y perdieron la pista del grupo. En la investigación han surgido algunos datos que muestran lo cerca que estuvieron los neonazis de los medios policiales. En 1996, Zschäpe alquiló un garaje a un oficial de policía. En el local empezó a guardar un arsenal de armas y explosivos.

Por el tribunal de Múnich que juzga a la terrorista neonazi –y a cuatro cómplices que habrían ayudado al grupo– deberán pasar más de 600 testigos. Los investigadores creen que Zschäpe no pegó ni un tiro en todos esos crímenes, pero que su influencia fue «determinante» y que era la líder del grupo.

El semanario Spiegel publicó el año pasado un estudio de la fundación Friedrich-Ebert según el cual el 15,8% de la población de la antigua Alemania oriental y el 7% de la occidental se siente próxima a las ideas neonazis y que los grupos neonazis suman 23.400 miembros, de los que casi 10.000 estarían dispuestos a cometer actos violentos.

Cientos de personas se movilizaron ayer frente al tribunal de Munich contra el neonazismo y en solidaridad con las víctimas.

Fuente: Clarin.com

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