Fuera de protocolo, mencionó a Kirchner en su juramento y se hizo poner la banda presidencial por su hija Florencia.

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Cristina juró con sello familiar y dio más poder a la secretaría de Moreno – Luego confirmó la creación de una supersecretaría que controlará el comercio interior y exterior. Centró su discurso en resaltar su gestión y la de Kirchner, pero deslizó reclamos a los gremios, el Congreso y la Justicia. «Yo, Cristina Fernández de Kirchner, juro por Dios y la Patria sobre los Santos Evangelios ejercer con lealtad y patriotismo el cargo de la Presidenta de la Nación y observar y hacer observar en lo que de mí dependa la Constitución Argentina y si así no lo hiciera, que Dios, la Patria y él me lo demanden». Con esa referencia explícita al ex presidente Néstor Kirchner, Cristina, la primera mujer en ser elegida y reelegida en la Presidencia de la Nación en la historia argentina, empezó su segundo mandato, para el que ya anunció la creación de una supersecretaría comercial que en los hechos tendrá tanto poder como un Ministerio, si no más, y que quedaría a cargo del actual secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno.

La particular inclusión del ex presidente Kirchner en la fórmula de la jura no fue lo único llamativo de la ceremonia: también fuera de protocolo, la Presidenta hizo que su hija Florencia le pusiera la banda presidencial. Antes que ella había jurado –también «por Dios, la Patria y los Santos Evangelios»- el vicepresidente Amado Boudou. Y aún antes, el ya ex vicepresidente Julio Cobos había dado inicio a la ceremonia –puntualmente a las 11:30, tal como estaba previsto-, que abandonó apenas pudo.

A la ceremonia principal asistieron siete mandatarios latinoamericanos y los enviados especiales de decenas de países, incluidos Estados Unidos y China. Los presidentes que estuvieron fueron Dilma Roussef (Brasil), José Mujica (Uruguay), Fernando Lugo (Paraguay), Evo Morales (Bolivia), Sebastián Piñera (Chile), Alvaro Colom (Guatemala) y Porfirio Lobo (Honduras). La mayoría partieron luego de saludar a Cristina en la Rosada.

Adentro y afuera del Congreso, y también en la Plaza de Mayo, el protagonismo lo tuvieron las organizaciones ciento por ciento kirchneristas, sobre todo La Cámpora, que copó las «barras» del Parlamento. Hubo alguna presencia de intendentes y fue más bien escaso el aporte de manifestantes de los sindicatos, que, roto el romance, dejaron así en evidencia cuánto más poder de convocatoria tienen que La Cámpora o Kolina.

Luego de la jura, llegó el momento del primer discurso de Cristina ante la Asamblea Legislativa en su segundo mandato. Tras un largo autoelogio de su gestión y de la de Kirchner, en particular de los logros económicos, llegaron tanto los tirones de oreja como unos pocos anuncios vinculados a lo que vendrá.

Sin dudas, lo más fuerte hacia el futuro fue la confirmación de que se creará, bajo la órbita del Ministerio de Economía, una supersecretaría que fusionará las funciones actuales secretarías de Comercio Interior y de Comercio y Relaciones Económicas internacionales, que hoy depende de la Cancillería. Cristina no lo dijo, pero hasta ahora todo indica que el encargado de esa supersecretaría que, en los hechos, tendrá tanto o más poder que un ministerio, será Guillermo Moreno, quien, pese a su propio anuncio de que se iba, en los últimos meses no dejó de sumar poder y atribuciones como encargado de luchar contra la fuga de dólares y los desequilibrios de la balanza comercial.

Por el lado de los anuncios, la Presidenta reveló que también creará una Subsecretaría de la Competitividad, que de inmediato fue saludada por el titular de la Unión Industrial Argentina (UIA), José Ignacio de Mendiguren.

Al margen, Cristina también se encargó de dar un par de tirones de oreja. Uno, a la Justicia, cuando dijo que esperaba que durante los cuatro años que durará su segundo mandato concluyan los juicios por los crímenes de la dictadura; los pedidos similares que había hecho en otras ocasiones habían desatado cruces con la Justicia. Otro llamado de atención fue para los legisladores, a los que cuestionó por no haber tratado el proyecto que envió el Gobierno para una Ley de Tierras ni haber sancionado aún el Código Procesal Penal. Y el más fuerte estuvo dirigido, aunque sin nombrarlo directamente, al titular de la CGT, Hugo Moyano: fue cuando dijo, textualmente, que «cuando estaba (Juan Domingo) Perón no había derecho a huelga» y que, en cambio, «ahora si hay derecho a huelga, pero no al chantaje y a la extorsión».

Luego vinieron los saludos ya afuera del Congreso, el traslado a la Rosada –que no fue tan lento como se había anunciado-, la recepción de los músicos –afuera, Ivan Noble le dedicó «Avanti morocha» y adentro la saludaron varios artistas-, la entrada a la Casa de Gobierno –otra vez, pegada a Florencia (que hoy se llevó más mimos y atenciones que su hermano Máximo, a quien la Presidenta mencionó más de una vez como su favorito), y numerosos saludos protocolares. Quedaban por cerrar la jura de los ministros (que tuvo llantos, cuando Alicia Kirchner juró «también por Néstor» y también risas) y el final de los festejos en la Plaza de Mayo para este segundo mandato de Cristina y tercero de los Kirchner que, como los otros dos, comenzó con sello familiar.

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