La sucesión de Lula da Silva. Rousseff, la candidata del oficialista PT, le sacó 14 puntos al aspirante del opositor PSDB.

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Brasil: Ganó Dilma, pero tendrá que ir al balotaje con Serra – La gran sorpresa fue la ecologista Marina Silva, del Partido Verde. La segunda vuelta será el 31 de octubre. Brasil deberá aún contener la respiración por cuatro semanas más. En un final sin fiesta para el gobierno, la candidata oficialista Dilma Rousseff venció anoche en la elección nacional por la presidencia del Brasil, pero no le alcanzó para imponerse con la mayoría absoluta y tendrá que disputar un balotaje el 31 de octubre con el centroderechista José Serra.

La gran sorpresa de la elección fue deparada por la candidata presidencial del Partido Verde y hasta el año pasado miembro del Partido de los Trabajadores en el gobierno (PT), Marina Silva, quien obtuvo un respaldo mayor al previsto y se convirtió en la «novia codiciada» tanto para Serra como para Rousseff de cara a su apoyo en la segunda vuelta.

Cuando iban escrutados al cierre de esta edición el 99% de los votos, Rousseff –la favorita del presidente Lula da Silva– lograba el 46,74% de los sufragios contra el 32,69% para Serra, quien fuera gobernador de San Pablo y ministro bajo la administración de Fernando Henrique Cardoso. Silva, en tanto, se colocaba tercera con un 19,4%. En Brasil, el presidente se decide en segunda vuelta cuando en el primer turno ninguno de los postulantes alcanzó el 50% más un voto.

Anoche, al cierre de esta edición, Rousseff agradeció a sus partidarios y sostuvo que en ese momento empezaba su pelea por triunfar en el segundo turno. «Vamos a insistir en llevar a nuestro pueblo nuestro mensaje de una economía próspera . Una economía en la que no solo valga el PBI, sino su traducción en las condiciones mejores de vida para la gente. Una economía que lleve salud y seguridad pública a todos», dijo la candidata, con gesto serio, en un clima sin efusividad.

Rousseff era considerada hasta comienzos de esta semana como clara favorita a conquistar la presidencia en la primera vuelta, tras haber montado su campaña en el índice inédito de 80% de aprobación popular que disfruta el presidente Lula, su gran mentor político, y bajo cuya gestión desempeñó el estratégico cargo de responsable de la Casa Civil, una suerte de jefa de ministros para la Argentina.

Sin embargo, su campaña parece haber padecido el impacto destructivo de un escándalo de tráfico de influencias que salpicó la gestión de Erenice Guerra, ex asesora y sucesora de Rousseff en el cargo, quien debió renunciar. Todo el caso fue intensamente aprovechado por sectores de la prensa favorables a Serra y por la oposición, que lanzó un sinnúmero de acusaciones falsas sobre el pasado de la postulante. Pero, además, Rousseff también fue perjudicada por el avance de Silva, quien duplicó su índice de votos en pocas semanas y se convirtió en la gran sorpresa de la disputa presidencial. Según los analistas, capturó al menos 7% de votos a la candidata del gobierno. La ambientalista, quien fue ministra de Ambiente de Lula, anticipó que pretende mantenerse neutral, pero dirigentes de su partido admitieron que podría aliarse al opositor Serra. El resultado da un poco de aire a la figura de Serra, del Partido Social Demócrata Brasileño (PSDB), quien según los sondeos previos se encaminaba a ser aplastado por Rousseff en el primer turno.

En estos comicios, unos 135 millones de electores fueron convocados para escoger, además de entre nueve postulantes al sucesor de Lula, a los gobernadores de los 27 estados y a renovar dos tercios del Senado y la totalidad de la Cámara Baja y de las Asambleas Legislativas estatales.

La centroderecha se anotó un gran triunfo cuando Geraldo Alckmin se impuso como gobernador de San Pablo, el principal distrito electoral del país y el Estado que genera el 40% del PBI nacional. El opositor Antonio Anastasia y Sergio Cabral, aliado del oficialismo del PT, fueron reelectos como gobernadores de los estados de Minas Gerais y Río de Janeiro, el segundo y el tercero en importancia. Anoche, aún estaban siendo computados los votos para el Parlamento y el Senado. El oficialismo goza allí de una mayoría entre los diputados y una ajustada superioridad en el Senado. Los sondeos indicaban que habría un fortalecimiento del bloque oficialista, en especial en la Cámara Alta.

Esta fue la primera elección en 21 años en la que Lula no se presenta como candidato, impedido por la Constitución de intentar una tercer mandato consecutivo.

Según el Tribunal Electoral, hubo un 19% de abstención y las elecciones fueron «tranquilas y sin episodios de violencia». Sólo hubo algunos problemas con el sistema de votación de urna electrónica que Brasil está aplicando a todo su territorio. La elección concluyó con el hecho inédito de que un payaso brasileño, conocido como Tiririca, se confirmó como el candidato más votado a la Cámara Baja al conquistar más de un millón de votos. El artista, cuyo nombre es Francisco Everardo Oliveira, compitió por el Estado de San Pablo.

Clarin.com

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