Vida y obra del hombre que revolucionó la ciudad con su cámara

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El señor de las películas – Daniel Burmeister, Director de cine artesanal, tiene una vida increíble de viajero y realizador de ilusiones para la pantalla grande. Ese hombre de cara de juguete, con una sonrisa siempre a flor de labios, la barba tan blanca como los cabellos que quedan en su cabeza y de silueta regordeta, toma la cámara y simplifica una toma que para cualquiera podría ser muy complicada.

Se llama Daniel Burmeister y es director de lo que el llama «Cine artesanal». Nació en San Isidro hace más de 60 años y la vida lo llevó a ser un sedentario del arte por cualquier rincón donde hubiera una oportunidad de poder expresarse y crear.

«Yo estudié escultura y profesorado de francés así que siempre estuve relacionado siempre con la cultura y las bellas artes», dice simpático en un alto en la filmación de su película Nº 64 por el país. Está en El Trébol, pero su cámara ya lo llevó a contar historias de ficción en provincias como Buenos Aires, Córdoba y ahora Santa Fe.

«Trabajaba en una editorial, y al terminar el servicio militar, con muchas ansias de libertad, me fui a vivir a Colombia. Mi abuelo era paleontólogo y fundó museos en el país. El me guió un poco en la vida y me llevó hasta ese país. A los años conocí cerca de Medellín a mi mujer, una colombiana que se llamaba Patricia Jaramillo. Nos casamos, tuvimos dos hijas y ella después murió por un problema mental. Yo me quedé a cargo de las nenas Amalia y Patricia con 5 y 6 años».

La vida separó a Daniel de sus hijas, cuando éste decidió volver a Argentina. «Ellas siguen viviendo en Colombia y hace siente años que no nos vemos. Pero gracias a la ciencia ahora estamos seguido en contacto y a la mayor la recibiré en poco tiempo porque viene a visitarme. Yo me volví de Colombia por la inseguridad que había. Me vine con la menor de mis hijas a Mendoza y trabajaba de cocinero en Las Leñas. Fue duro estar separado de ellas», señala y suspira en la única oportunidad en la que se le borra la sonrisa.

El Director de cine continúa su relato: «Después de Mendoza me fui a trabajar de carpintero en un pueblo que se llama America, en Buenos Aires. Ahí empecé a hacer espectáculos con títeres y ahí me propusieron hacer una película. Yo estaba en contacto con el arte y en ese momento hasta tenía cuatro libros publicados. Fue entonces que escribí el primer guión que se llamó «Yo lo quería». Cuando la estrenamos se llenó el cine y ahí empecé a buscarle la vuelta para comenzar a vivir de esto».

Hoy, con 64 filmes hechos y estrenados, Burmeister es un cineasta que recorre el país y acude donde lo llaman. Su carisma con la gente del interior es llamativa, su simpleza atrapante y su carácter lo hace permeable a los códigos de cada pueblo.

«Tengo unos 18 guiones, pero los que más filmo son «Volver a vivir», «Soledad», una cómica que se llama «Matemos el tío» y «Secuestro», cuenta y agrega: «Quiero seguir haciendo esto y quiero seguir viajando. Tengo que ir a varias ciudades en las que me están esperando como Bouquet, Montes de Oca, San Marcos, Las Parejas y Ceres».

De qué vive? Justamente de las películas que hace. Daniel traba convenios con Municipios y Comunas para que se hagan cargo de los viáticos, comidas y estadía en la localidad mientras dura el rodaje, pero no cobra por la realización de la película. Al estrenarla, con dos o tres funciones en cada pueblo, se queda con las entradas, aunque dona un porcentaje para alguna institución local.

Un lugar en el mundo

Sin embargo, a pesar de vivir en la ruta, Burmeister, que recorre el país a bordo de un viejo Citroen 3 CV ya encontró un lugar en el mundo. «Vivo de esto y de la carpintería. Donde voy a filmar a veces me dan trabajo de carpintero. Meses atrás, un intendente me encargó una gran puerta de cedro para un edificio importante», cuenta a modo de anécdota.

Burmeister tiene su lugar en una pequeña localidad llamada Benjamín Gul, sobre la Ruta 8 cordobesa. «En ese lugar hago cabañas y ahí construyo mi hogar. Espero un día tener terminado un complejo para que la gente vaya a vacacionar», sueña mientras alguien lo llama para realizar las tomas en la iglesia de un casamiento que tiene que ver con el film que hoy graba.

Entonces con una sonrisa cálida tomará su pequeña cámara JVC, le guiñará el ojo al cura párroco, que debuta como actor … y «Luz, cámara y acción!».

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