Así de eternos, son los que viven en silencio y se van en silencio. Así de eternos, son aquellos, que dejan señales en cada rincón de sus vidas, esas vidas de sueños locos, esas vidas de nostalgias sin rumbos.
Eternos son los recuerdos, esos que un día se escribieron y que ya nunca se borraron. Eternos son los cuentos, los del abuelo, los del vecino, y hasta los cuentos chinos.
Eternas son las imágenes. Y qué difícil es captarlas, hacerlas inmortales, detenerlas en un instante, en un microsegundo, para que no se vayan más, para que no se deterioren, para que no envejezcan.
Eterno era el lente sutil de Claudio, el hombre que inmortalizó a miles de personas en esta ciudad. Con su dedo mágico, su ojo certero y su sentido sutil, simplemente nos hizo inmortales a todos.
Hoy descansamos en la mesita del living, en un portarretrato al lado de la cama o en un álbum de fotos. Hoy somos jóvenes por siempre en ese papel de fotografía.
A color, en blanco y negro, en sepia o monocromático, Claudio le regaló la inmortalidad a mi papá, al tuyo, al del vecino, al cura y al jefe de la estación de tren. A la que se casaba ilusionada, a la quinceañera, al que tomaba la comunión y al que debutaba en primera.
Con su varita mágica, llamada máquina fotográfica, se paseó por la vida inmortalizando momentos. Y así se fue, dejándonos a todos en una burbuja del tiempo, sin canas, sin peladas, sin panza, jóvenes, bellos o no tanto. Eternos y suspendidos en el momento de ese CLICK.
Claudio vivió para eternizar a la ciudad y a cada uno de los nuestros. A cada uno de los tuyos. A cada uno de los míos.
Se fue sin muchas palabras. Nunca fue su estilo. Lo suyo era magia pura. Desde un lente y un obturador, salía una polaroid que nunca más iba a envejecer. Una captura del tiempo, encerrada en su óptica ligera, en su talento sin igual.
Siempre me gustaron los genios silenciosos. Siempre admiré a los artistas que fabricaban belleza. Siempre me llenaron el corazón los que, de manera desapercibida, te hacían sonreír con una mueca y sin tanta charlatanería. Siempre me llenaron el corazón los buenos tipos, que sin llamar la atención, tocaban tu vida con una varita mágica única.
Esos siempre serán eternos, esos siempre serán los verdaderos inmortales. Como Claudio, inmortal por donde se lo mire, eterno con lo que significa esa palabra.
Tan inmortal como una foto que encontrás en el placard. Tan eterna como la que te sorprende al abrir un viejo libro detrás del viejo diván.
Seguro Claudio sacó esa foto. E hizo con un toque mágico, que esa persona que creías que ya no estaba, vuelva a tu vida, una vez más.
Porque sólo él, era capaz de crear esa polaroid de magia inmortal.

