Ya no te banco, Lionel – Por Francisco Díaz de Azevedo

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Por Francisco Díaz de Azevedo

Ya no te banco, ya no te banco más, Lionel.
No te banco ni un segundo más, no te banco, no te puedo bancar.

Ya dejé de hacerlo, hace un tiempo, cuando coincidí con vos en un espacio, una burbuja, que me encapsuló a mí en Buenos Aires junto a mi gente y a vos, en el Maracaná de Brasil.

Ese día dije “basta”, “ya no voy a bancarte más, Lionel”.

Ese día, en esa final, la pasé como el diablo, fui 25 veces al baño y ya no sabía cómo hacer para que pase el tiempo, en ese primer piso de “Banchero´s”, lidiando con una de muzza, mientras la pantalla del tele nos aniquilaba con más y más minutos de descuento. Era esa noche del 1 a 0 del “Fideo” y de la presión por las nubes y el corazón en la boca.

Hasta el pitazo final, el llanto, tuyo, sólo tuyo, de rodillas en el medio del campo, a dos metros de la línea de cal. Y se vino la pila humana y después te ví levantar la copa.

Ese día dejé de bancarte, Lionel. Fue ese día, porque con los míos caminamos las 6 cuadras que me separaban del obelisco, por Corrientes y ví esa multitud festejando. Eran todos argentinos. Había negros, rubios, colorados, ateos, evangelistas, peronistas, radicales, católicos, protestantes, gays, heteros, lesbianas, zurdos, de derecha… había argentinos. Y ya no te banqué más, Lio, dije basta.

Entonces, me vino a la memoria, mi amor por Barcelona, la ciudad Condal, a la que volví por vos 4 veces más. Y recordé esas dos noches que te fui a ver al Camp Nou. Recordé verme caminando por la Masía y sentirte tan cerca.

Y me vino a la memoria, las copas América que perdiste, cuando erraste penales y tu llanto sin consuelo. Cómo te bancaba en esa época, Lionel. Ya no. Ya no más.

Recuerdo tu renuncia a la Selección, cuando dijiste “basta, no es para mí”. Y ese día te banqué, una y mil veces, porque me mataba tu mirada de perro apaleado, con el hocico hundido en la tristeza y en la agonía.

Y recuerdo a los opinadores, los comparadores, los negadores, los fracasados, que con la lengua de látigo eran más rápidos que tu gambeta endemoniada. Eran otras épocas, esas en las que te bancaba como a nadie. Porque creí que así tenía que ser.

Hasta hoy. O mejor dicho hasta ayer. O hasta ese día de la Copa América. No sé, pero ya no te banco más.

Yo no te banco más, Lionel Messi. Porque no lo necesitas. Un día, entre esa copa América y este Qatar 2022, dejaste de ser mío para transformarte en el de todos. En el del pueblo, en el de cada uno de nosotros.

Vos, el que te fuiste a los 14 años de tu casa, dejando todo, porque tenías de chiquito el coraje que no tuvieron los opinadores de turno. Vos, el que, durante ya 17 años, estás en la cima del mundo, sin bajarte nunca, ni un segundo. Vos, el máximo goleador del club más grande mundo, Barcelona, y de la Selección más gloriosa, la Argentina. El que tiene 6 balones de oro, 4 champions y qué se yo cuantos récords más.

Vos, al que criticaban porque no cantabas el himno, pero nunca se dieron cuenta que no se te pegó ni un chiquito el acento español, porque sos más argentino que el Papa Francisco y el dulce de leche.

Vos, el esposo enamorado de siempre, el papá orgulloso de tres hermosuras. Vos, el señor del silencio. Vos, el que no sos estridente. Vos, el que no sos escandaloso.

Vos, un día ya no necesitaste que alguien te banque. Porque lograste, sólo contra el mundo, con el deseo de ese corazón enorme que tenes, meterte en el de cada argentino, de Ushuaia a la Quiaca y de Mendoza a Mar del Plata.

Vos, el que atravesaste el corazón de cada chiquito, que hoy porta una camiseta con el “10” y tu nombre. Vos, lo lograste todo. Que un país, entero, lleno de rubios, de negros, de colorados, de ateos, de radicales, de liberales, de peronistas, de evangelistas, de católicos, de zurdos y liberales, se uniera como nunca, en medio de la grieta más grande que jamás pueda existir.

Y lo hiciste, simplemente como sos vos, con el corazón en una mano, el alma en la otra, una gambeta, un taco y un golazo. Lo lograste a los 35 años, en una pata o en dos, dejando tirados a los rivales al borde del papelón. Lo lograste Lionel, por eso ya no te banco. Porque ya no lo necesitás. Porque nos uniste, porque nos hiciste soñar, más allá de lo que pase el domingo.

Ahora, te banca un país entero y hasta el periodista más necio se tuvo que tragar tus palabras. Ese que nunca entendió, que, en un mismo país, se podía tener al Diego y al Lio. A los dos, y eso sólo pasa en Argentina.

Ya no te banco Lionel. No hace falta. Mi amor por vos nació en junio de 2011, te bancó una década y ahora, simplemente, te solté para que te disfruten ellos. Porque a mí me empachaste de belleza y admiración mucho antes. Porque ahora me cuentan de Messi, los que de Messi antes se mofaban.

No importa, qué más da? Ver a Argentina unida era una utopía. Y lo lograste vos. Sólo, con tu alma y la magia de tu zurda.

Ya no te banco, no hace falta. Ya no hay que defenderte de los giles, porque Argentina y el mundo están a tus pies. Los mismos, que dejaron Argentina cuando eras un chiquillo. Ese día te fuiste de cuerpo entero, pero dejaste el alma en esta tierra. Y un día volviste para darnos la alegría que tanto escasea.

Gracias Lionel querido. Gracias por haberme convencido el primer día que pisé Barcelona. Hace mucho. Yo no necesité una Copa América o esta final.

Tuve la suerte de leer tu corazón antes. Ese mismo que hoy nos hace ser felices y vibrar. Ese mismo, que un diciembre de 2022, nos hizo estar todos UNIDOS.

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