«El rey de los desposeídos» – Por Francisco Díaz de Azevedo

Por un momento pensé en no levantarme más del sillón en todo el día. Cuando leí el “graph” de F90 del “Pollo” Vignolo, no lo pude creer.

Primero pusieron que te descompensaste y me dije “ya saldrá”, como siempre, como antes, como ayer. Pero no, te fuiste Diego. Te fuiste de verdad esta vez.

No lo puedo creer loco. No soy, ni fui un fanático tuyo nunca. No lo fui. Eras de Boca y yo muy del “Millo”. Te fuiste a dirigir Gimnasia y en mi sangre corre sangre “Pincha” a morir.Te tatuaste el “Che”, te abrazabas con Chavez y yo siempre para el otro lado.

Y yo soy de Messi y hoy me doy cuenta que Messi no existiría sin vos, como Boca no sería Boca sin River, pero a veces, la estupidez de los antagonismos nos invade, como a mí.

Pero no me importa nada de eso hoy, loco. No me importa en lo más mínimo. Porque me diste esa alegría que nunca en mi vida voy a olvidar.

Te fuiste en tu ley, con la mano de Dios, con la alegría ante los ingleses… fue mano!!! Y no me importa decir que me encantó robarle a los ingleses esa vez, y eso que a los ingleses los quiero. Pero que lindo fue Diegooooo!!!

Recuerdo ese domingo del 86. Estaba sólo en mi casa con mi viejo. Carlos estaba acostado y yo solía ver los partidos recostado a su lado. Teníamos un viejo tele Sony color blanco.
Jugábamos ese partido con Alemania, lo ganábamos 2 a 0 y nos empataron. Me fui a mi pieza a llorar para que no me vea mi viejo porque siempre me decía que no había que dramatizar con el fútbol. De repente escuché al relator que se emocionaba, corrí, llegué hasta la pieza y ví ese pase mágico, único al “Burru” y el “Burru” corrió y corrió y cuando parecía que la adelantaba mucho ante la salida de Schumacher, la tocó al gol y estallé. Mi viejo gritó descontrolado y yo me fui gritando hasta el living, me saqué el reloj que Carlos y María Elisa me habían regalado para la comunión y lo revoleé a la mierda, me arrodillé y me puse a llorar descontroladamente.
Después, la copa en alto, y todo lo que sabemos. No me voy a olvidar nunca de ese día. De esa alegría. El reloj apareció a la semana en el hueco de un sillón. Menos mal… que apareció.
Después vinieron las amarguras de Italia, el robo de Codesal en la final con Alemania. Pero yo te veía como te indignaba cuando nos chiflaban el himno. Te salía la argentinidad por los poros. Le pateaste el penal a Zenga y lo gritaste con el alma, como hombre que eras, porque estabas sólo contra el mundo y le hiciste tragar a cada tano el chiflido y el insulto con esa zurda mágica. Como la recuerdo. Vos te ponías la camiseta celeste y blanca y te transformabas en Dios… eras, como dijo recién un periodista, la capital del país, eras el legado y la cuota de alegría a un pueblo siempre castigado, eras el rey de los desposeídos.
Pero te fuiste loco, no pudiste cargar semejante peso. Cuando le digo a mis hijas que estudien, que la ignorancia mata y pesa, es por algo. Te fuiste, lo hiciste como el pibe de Villa Fiorito que nunca dejó de serlo. Porque podías jugar en el Napoli, en el Sevilla, en el Barca o en Emiratos Arabes, pero seguías siendo el pibe de Villa Fiorito.
No aguantaste tanto peso arriba, menos aún las malas elecciones. La vida no te preparó y los caminos se bifurcaron. Pero yo no puedo juzgarte hoy Diego. Primero, sólo Dios lo puede hacer, segundo, no soy quien, y tercero, que te voy a juzgar con todo lo que me regalaste.
Fuiste el pibe que le pintó una sonrisa a 30 millones de argentinos en un momento en que estábamos hechos mierda – como casi siempre – y por muchos años, te negué porque no me banqué lo que hacías. El equivocado era yo, Rey!!!
Te fuiste Diego, genio, barrilete cósmico. Qué año de mierda el 2020. El país está triste. Nos robaron la alegría, la risa, la magia, el corazón. Qué año de mierda, la puta madre.
Justo vos te tenías que ir? El que regala esperanzas cuando no las hay?
Hace poco, el 30 de octubre pasado, estuve a punto de postearte, pero no lo hice. Te ví mal, muy mal. Me enojé con los que te rodeaban. No les importó llevarte a la cancha.
Estabas mal, pero Tinelli quería la foto… y hoy seguro se rasga las vestiduras. Estabas mal, tus hijas sufrían. No quise ni poner una foto tuya. Muchos de los que te rodeaban no te cuidaron Rey. Y no te dejaste cuidar…
Fui un ingrato, me diste un mundial, nada más y nada menos. Que festejé junto a mi viejo.
Vos me regalaste uno de los abrazos que le di a Carlos ese 29 de junio de 1986 a la tarde.

Pero me quedé con tus excesos. Y hoy te fuiste y te entiendo. Eras el payaso que le regala un caramelo a un pibe con la cara sucia, eras Evita regalándole un juguete desde un tren a un nene de pies descalzos, eras el mentor de la belleza con la pelota, eras y serás por siempre, el rey de los desposeídos.

Ese rey que se pasea por los rincones, que con un toque transforma la miseria en alegría, eras el rey mago que tiene una sorpresa en la manga y que de esa manga llegará la emoción.

Me diste todo, me das más, cada día más, desde Villa Fiorito, como el emperador de los sueños, como el salvador de las vidas tristes, pero como somos insaciables, a veces queremos siempre más.

Hasta siempre, rey, de los mendigos, de los pobres, de los humildes, de los desesperados, de los apenados, de los desposeídos. Viviste a tu manera, te fuiste a tu manera.

Hasta siempre eterno rey, gracias por la forma que tenías en cada cancha, de amar. Gracias por la manera que tenías de defendernos. De lo otro, del Diego de afuera del potrero, se encargará la misericordia de Dios, que pondrá en la balanza lo que somos los hombres, pero también, la bolsa enorme, gigante, de sonrisas que regalaste aquí y allá. Esas duran para siempre, como la vida de un gran rey.