TALLER PROTEGIDO – Entre el desesperado pedido de ayuda y el olvido social – Por Francisco Díaz de Azevedo

El Taller Protegido de la Ciudad de El Trébol es una ONG que trabaja en la ciudad desde el año 1998. Básicamente, es la única casa que tienen los chicos y adolescentes con discapacidades cuando terminan la Escuela Especial.

En toda la ciudad, al día de hoy, año 2020, no hay un sólo lugar en el cual las personas con problemas cognitivos tengan un techo en el cual refugiarse, comer y trabajar. Es decir, tener una vida al menos digna.

Este lugar, en la ciudad de El Trébol, alberga hoy a 15 personas con discapacidad, de entre 23 y 57 años. Ellos desayunan, meriendan y almuerzan en el lugar, además de trabajar en la producción de bolsas de residuos, que venden para subsistir y mantener su propio techo.

OTRAS EPOCAS – Los trabajos de los adultos en el taller.

El resto lo hace un Bingo Solidario que, por la cuarentena, dejó de vender sus números durante 8 semanas.

El Taller tiene 4 personas trabajando. Una administrativa, dos terapistas ocupacionales y un personal de limpieza. Los sueldos de las cuatro salen de las ventas, no hay subsidios, ni aportes extra de dinero, salvo un bono de $ 1000 que reciben del Municipio por mes, que antes era de $ 3000 y mucho antes de $ 5000.

ADULTOS CON DISCAPACIDAD – La vida de ellos en el Taller.

Tampoco es tarea del Municipio mantener una ONG, pero cuando se trata de personas con discapacidades, y viendo que hay trabajadores sociales, un Area Social, bolsones, aportes para los necesitados, ayuda para las familias que viven en asinamientos, al menos, tras 22 años años alguna solución debería haber para esta gente.

Pero a las personas con discapacidad les cuesta más defenderse. Y duele que esto nos pase. Nos duele como sociedad.

UN DIA EN EL TALLER – Las chicas con los adultos con discapacidad antes de almorzar.

«Nos vimos con la necesidad de empezar de nuevo con el Bingo porque estábamos con el agua al cuello. Esto es una ONG y nos abastecemos. Si no vendemos, no subsistimos», señaló a este medio Melisa Fassina, administrativa del lugar.

Del taller viven cuatro personas, que cobran unos $ 20.000 cada una. «Hace años que pedimos que se hagan cargo de uno de los sueldos, uno sólo. Pero no tenemos novedades», explica Fassina.

El Bingo tan generador

«El Bingo estuvo cortado 8 semanas. El ahorro que se hace es poco y era todo incierto cuando se cortó», explica Melisa, dando pistas de la fuente mayor de ingresos del establecimiento. Ella, junto a dos compañeras le dan contención, educación y mucha comprensión a los adultos con discapacidades que conviven cada día en el taller. «Los chicos no están viniendo hoy por hoy. Son 15 y será seguramente una de las últimas actividades en volver. Este taller tiene una función social».

A cada persona se le da de lunes a viernes el desayuno, media merienda y almuerzo. Las  raciones las provee la Municipalidad. «Ahora cortaron todo porque los chicos no están asistiendo por la cuarentena, el problema es que ellos viven en un estado precario y tienen que seguir comiendo. Sus familias los mantienen más o menos y ahora los Gremios y los Clubes nos acercaron ayuda porque no les llegaba nada. Estos chicos tienen alguien cerca, se las ingenian, se cocinan como pueden pero en condiciones que ni se imagina la gente».

Melisa imploró:  «Necesitamos ayuda económica. Con las colecta la estamos emparchando. Tenemos 4 sueldos, el mantenimiento y hay infraestructura que mantener. La luz la paga el Municipio».

ETD – De que son capaces estos chicos?

«Ellos pueden ir al baño solos y eso es importante. Tienen problemas cognitivos. Tienen entre 23 a 57 años. Son adultos con discapacidades pero pueden trabajar. Son los chicos especiales que tras la escuela especial los alberga este taller. No tienen otro lugar. La función que cumplimos no la suple nadie. A estos chicos hoy no los apaña nadie. Al estar en su casa y no venir al taller, es como que si no vamos nosotros, nadie va. Mucho no podemos intervenir. Están mas delgados pero no nos podemos meter en sus casas».

Y agregó:  «Golpeamos puertas. Van más de 50 días de cuarentena. Nadie nos dijo «no» pero seguimos esperando que lleguen las ayudas porque hasta ahora no las tuvimos. Al Municipio le pedimos ayuda y también a algún concejal. Por ahora no tenemos nada».

ETD – Pudieron cobrar sus sueldos?

«De estos dos meses sólo sacamos un sueldo. Llegamos porque sacamos un pequeño resto del Bingo. Ni hablemos de otras cosas como son los aguinaldos».

Esta historia se repite una y otra vez. Un taller, que tiene cuatro trabajadoras que hacen la función que nadie más hace. La de cuidar y velar por los adultos con discapacidades. Que se generan el sueldo, que trabajan con profesionalismo y con amor.

Esta historia no es nueva. El Taller Protegido debería ser un orgullo de la ciudad de El Trébol. Un orgullo como sociedad. Pero si estas cosas siguen pasando, será que nosotros como sociedad y quienes nos dirigen, no merecemos tanto.

Por Francisco Díaz de Azevedo