Son una chica de 20 años y un hombre de 73.

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Identificaron los otros dos cuerpos hallados bajo los escombros – Los muertos suman 13 y todavía hay ocho desaparecidos. La intendenta de Rosario, Mónica Fein, confirmó esta mañana que identificaron los otros dos cuerpos hallados ayer bajo los escombros. Las últimas dos víctimas fatales encontradas ayer son Débora Gianángelo, de 20 años, y Juan Natalio Pennice, de 73. Fueron encontrados bajo los escombros del inmueble de Salta 2141 junto a Soledad Medina, de 31 años, que había sido identificada ayer. Sus cuerpos se recuperaron durante la madrugada.

Así, hasta ahora la explosión dejó 13 muertos, y todavía quedan ocho personas desaparecidas. Además, hay 11 heridos que continúan internados, y según la intendenta «la mayoría están haciendo una buena evolución».

Respecto de las tareas de búsqueda, que continúan hoy en el lugar del desastre, la jefa comunal remarcó que «siempre hay esperanzas, estamos trabajando cuidadosamente para ir accediendo a cada una de las áreas para la búsqueda de las personas».

Los nueve pisos del edificio quedaron reducidos a una montaña de escombros que 300 rescatistas intentan desarmar. Roberto Sánchez es el jefe de operaciones de una unidad regional que integran siete cuarteles de esta provincia. Hace 24 años que es bombero voluntario, vivió las inundaciones de 2003 y 2007 en Santa Fe y sin embargo: «Nunca vi algo así. Parece un bombardeo», dice y señala la tercera estructura que está negra, endeble, destripada. El dirige uno de los equipos que está a cargo de remover escombros. Es un trabajo manual y el más importante porque son los encargados de despejar la zona de derrumbe. Los bomberos se ponen en fila y se van pasando las piezas que luego terminan en el acoplado de un camión de Gendarmería. Así, lograron reducir la montaña de los siete metros originales a cinco.

Al mismo tiempo se va formando otro montículo: fotos y documentación de vecinos que habitaban el complejo. Eso no se tira: cuando termine el rescate, se entregará a las familias. «Nosotros vemos la vida de las personas desparramada. Removés y aparecen recibos de sueldo, escrituras, un osito de peluche quemado, un celular, un tenedor. Fotos. Fotos de cumpleaños, gente que sonríe en un papel», dice Roberto. Y aclara que ahí no hay compromiso emocional, que él trata de no retener las imágenes, que está concentrado, que hay que seguir. Angel Paidomani, comisario de la Federal a cargo de otro equipo de rescate, lo resume así: «Hasta que no saquemos el último ladrillo vamos a tener expectativas de encontrar gente con vida».

En en el epicentro del derrumbe hay senderos habilitados para caminar y un lugar que se considera sagrado, intocable: lo único que quedó en pie fueron dos vigas que los bomberos llaman «hueco de vida». Es el único lugar por donde puede circular aire debajo de los escombros. De bloquearlo, correrían riesgo los sobrevivientes, en el caso de que los hubiera.

«Hoy (por ayer) logramos llegar al último nivel del subsuelo, donde detectamos entre 50 y 60 centímetros de agua que empezamos a desagotar. Estamos moviéndonos un poco a ciegas porque los planos del edificio no están actualizados», señala un rescatista. Y sigue: «Hubo departamentos de la segunda torre que se metieron en la tercera»: una cama, una heladera, una mesa o ropa del edificio colapsado terminó adentro de otro de la estructura de atrás.

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