Salieron al balcón del Palacio Real junto a la ex reina y a sus tres hijas.

Guillermo y Máxima son reyes de Holanda y saludaron emocionados a la multitud – En la plaza Dam miles de personas festejan por los nuevos soberanos. En la Iglesia Nueva comenzará la ceremonia de investidura. Holanda ya tiene nuevos reyes. En una ceremonia con lágrimas y una emoción latina, la reina Beatriz se despidió de su pueblo sostenida de la mano de Máxima, que no disimulaba las lágrimas. Guillermo Alejandro, Máxima y Beatriz primero se besaron y después saludaron agarrados los tres de la mano. La plaza Dam deliraba. Después, los nuevos reyes, la heredera Catharine Amalia y las princesitas Alexia y Ariane saludaron junto a sus padres en el balcón a la multitud.

Una reina que se va y dos soberanos que llegan. La reina Máxima y el rey Guillermo Alejandro saludaron por primera vez desde el balcón del Palacio Real de Amsterdam. El mismo donde se dieron su beso público tras su casamiento diez años atrás. El primer encuentro de los nuevos reyes de Holanda con sus súbditos, en un momento único, con lágrimas, diferente y profundamente constitucional .El nuevo ADN de la nueva generación se impregnó en ese histórico balcón.

Con banderas, coronas inflables, mantos de armiño falsos, una genuina alegría estalló en la plaza. Los argentinos consiguieron instalarse en la primera fila con sus banderas. Mercedes Miller, llegada de Villa Las Angostura y encantada de haber servido chocolate a la reina Beatriz en Los Arrayanes, estaba allí, sola en su homenaje pero en nombre de la pequeña ciudad donde Máxima pasa sus vacaciones patagónicas.

«Vine por que la amamos, porque son extraordinarios como su familia. Cuando le serví a la reina, me dijo que yo hablaba mejor ingles que ella. Que siempre le había costado aprenderlo; Máxima vuelve cada verano a la Villa y son normales, cálidos, abiertos»

Centenares de holandeses celebraron los nuevos soberanos y despidieron calidamente a Beatriz. «Yo quiero sentirme parte de la historia. Nunca los vi pero hoy es un momento especial para el reino, una forma muy holandesa de transición», explicó Emrahm, muy pequeño cuando la reina Beatriz fue investida.

El rey Guillermo Alejandro, la reina consorte argentina Máxima, la heredera Catharina Alexandra (10) y sus hermanas, las princesas Alexia y Ariane, terceras y cuarta en la línea de sucesión, se unieron a su abuela Beatriz. La reina que se despedía de su pueblo, después de asumir el trono en 1980. Ellas estaban vestidas primorosamente de amarillo, iguales.

«Querida madre, hoy he tomado el relevo del trono y te estoy agradecido, inmensamente agradecido por todos estos años», dijo el nuevo rey Guillermo Alejandro a la hora de la despedida y tras agradecerle su misión. Después agradeció a la multitud, encantada con la imagen de una familia abierta, distinta, espontánea y calurosa.

Un modelo de continuidad pero un nuevo estilo, más humano. La Familia de Orange Nasseau apareció en el balcón del Palacio Real frente a sus súbditos, que aplaudían y miles de turistas, que están disfrutando de una histórica abdicación real y transferencia de poder sin la tragedia de la muerte del rey. Una muy holandesa manera de sucesión monárquica.

Veinte mil personas los vivaban a pasos del Museo Madame Thusaaud en la plaza Dam, donde los reyes ya tenían su versión en cera.

La reina Beatriz de Holanda finalizaba así su ceremonia de abdicación. La más tradicional transición de un rey a otro en Holanda tuvo lugar en el Palacio Real de Ámsterdam, con una multitud que aplaudía en la repleta plaza de Dam. Era un mar de banderas, coronas, guirlandas, naranjas, el símbolo de la casa real, que entonaban el himno nacional a todo orquesta.

La soberana firmó la abdicación frente al director de su oficina, los presidentes de las dos cámaras legislativas holandesas, los ministros de esta monarquía constitucional, las delegaciones de Aruba, Curazao y St Marteen y otros miembros de la Familia Real.

Una ceremonia simple, tras la cual la reina se despidió en un corto discurso de su gobierno.

Muy emocionada, pero segura, la reina mas popular y políticamente sólida de las monarquías europeas se va al mejor estilo de la Casa de Orange. Transfiere sus funciones de servir a su hijo mayor, Guillermo Alejandro, en medio de una ola de popularidad que difiere de las dificultades del rey Juan Carlos de España o de la decisión de no abdicar hasta su muerte de la reina Isabel en la Casa de Windsor.

Frente a Beatriz estaban los futuros soberanos, Guillermo Alejandro y Máxima, que también firmaron el documento de abdicación.

Esplendida, muy conmovida , con una sonrisa tensa, el pelo recogido en un chignon, un vestido de seda drapeado y junto a sus tres hijas princesas, el secreto de la reina Máxima se develó. No uso tiara.

Beatriz se alejara del Mozeszaal del Palacio Real ya no como una reina sino como Su Alteza Real, la nueva princesa de Orange. Sin otra función que ser la mamá del nuevo soberano y fácil de consultar por su experiencia de Estado.

Beatriz de Holanda abdica con un reino mucho más consolidado que cuando llegó y con un enorme respeto, aún en los círculos mas elitistas de la izquierda. Los más antimonárquicos son la derecha populista xenófoba y no la izquierda, como cuando ella llegó al trono. Su misión fue hacer respetar la institución, en un país donde la familia de Orange, la suya, es a veces más querida que la monarquía misma. Lo consiguió con disciplina prusiana y una distancia muy formal, que su hijo Guillermo Alejandro tratara de acortar con sus súbditos y ser más informal, mas abierto, mas parecido a su abuela Juliana.

Cuando Beatriz se casó, los anarquistas holandeses le arruinaron el día con serios incidentes. Se casaba con el príncipe Claus Von Amsberg, un diplomático alemán que participó en las juventudes hitlerianas. El mal clima estaba acrecentado por el escándalo financiero de las comisiones de su padre, el príncipe Bernard con Lockerbie, la empresa de aviación.

Su mamá, la reina Juliana, de quien recibía el cargo era tan informal que la monarquía corría el riesgo de ser demasiado normal. «Una monarquía de bicicletas», como despreciatiavemente la bautizaron en la Corte británica. La soberana Beatriz, una abogada formada en la universidad de Leiden y exilada en Otawa y Gran Bretaña, durante la segunda guerra mundial, decidió que debía rejerarquizar la monarquía si quería perdurar en el trono, recuperar el misterio de la realeza y mantener el prestigio de los Orange.

Su Majestad- como se hizo llamar- no sólo se consolidó como un intermediario político en la formación de su gobierno, hasta que el Parlamento le saco los poderes el ano pasado. Tuvo visión política y promovió internacionalmente este reino ,que invento la globalización primariamente con su comercio y viajo incansablemente en visitas de estado .Se alivió cuando su heredero, Guillermo Alejandro, se encontró con la economista y banquera argentina Máxima Zorreguita, cuya personalidad y espontaneidad le ha cambiado el ADN a esta monarquía calvinista. El heredero recibirá parte de la enorme fortuna familiar, que incluye acciones en la empresa petrolera Shell e inversiones en Estados Unidos y Gran Bretaña .Una trama financiera que los transforma en una de las Familias Reales más ricas del mundo con la excepción de las monarquías del Golfo.

Una tragedia en la Familia Real puso a prueba la simpatía de sus súbditos a Beatriz. Cuando el príncipe Friso, uno de sus hijos, quedo en coma vegetativo el año pasado y sin recuperarse hasta ahora en una avalancha de esquí en Suiza, los holandeses le demostraron su afecto. Ahora ella podrá viajar a Londres a estar a su lado, sin obligaciones de función.

Beatriz y otros miembros de la Familia Real presenciaran la investidura en la Nueva Iglesia, De Nieuwe Kerk, de Guillermo Alejandro junto a Máxima, la reina consorte por cortesía pero sin rol constitucional. En el primer gesto , la vieja oficina de la reina pasara a llamarse la Oficina del rey y la monarquía holandesa comenzará a dar vuelta la pagina a sus matriarcas «royals» de los últimos 100 años. No estarán presentes los padres de Máxima porque el gobierno holandés prohibió hace 10 años la participación de su padre, Jorge Zorreguieta y su madre, María Pame, en cualquier acto oficial por haber sido el funcionario de la dictadura militar argentina. Una decisión que aún se mantiene en este reino calvinista.

Fuente: Clarín.com