Fue casi un calco de la tragedia de Cromañón.

Una disco se incendió por una bengala: 233 muertos – El disparo contra el techo de espuma inició el fuego cuando tocaba una banda. La única salida estaba cerrada. La mayoría murió por asfixia. Pesar de Dilma. Fue una cuestión de minutos, pero bastó para que el episodio se convirtiera en una de las peores tragedias de la historia de Brasil. «La banda que tocaba en el palco comenzó a tirar bengalas y de repente interrumpieron el show y apuntaron hacia arriba. Había fuego en el techo y en cuestión de segundos comenzaron a caer pedazos de goma en llamas». Este fue el relato de uno de los jóvenes que sobrevivieron al pavoroso incendio que destruyó en el comienzo del domingo la discoteca Kiss, en la ciudad brasileña de Santa María, estado de Río Grande do Sul, a 300 kilómetros de Porto Alegre. El fuego y el humo tóxico dejaron 233 muerto s y casi dos centenares de heridos, la mayoría víctimas de la asfixia y de los pisotones cuando se cayeron o fueron derribados en su desesperado intento de ganar la única salida, que estaba cerrada.

Todo ocurrió durante un festival que había sido organizado por estudiantes de la Universidad Federal de Santa María. Por una de esas ironías malditas del destino, la fiesta había sido denominada «Aglomeración». La tragedia se inició cerca de las dos de la madrugada, hora local, cuando tocaba el grupo Gurizada Fandangueira. La causa y las circunstancias que rodearon al luctuoso hecho guardaron una gran similitud con el siniestro de 2004 en Buenos Aires, cuando 194 chicos perdieron la vida en Cromañón. A diferencia de la tragedia porteña, cuando ninguna autoridad nacional de alto nivel concurrió al lugar ni consoló de inmediato a los familiares de las víctimas, la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, abandonó la cumbre del Mercosur y la Unión Europea que se desarrollaba en Chile y se apersonó en el lugar del hecho junto a cuatro de sus ministros.

Como en Once, un show pirotécnico, con disparos de fuegos artificiales, terminó por impactar en la estructura de la disco brasileña. El recubrimiento de las paredes con espuma de goma, usada como material aislante de los ruidos, hizo su parte: un humo extremadamente tóxico invadió el local y desmayó a los jóvenes. Pero otros elementos explican también el tamaño del desastre, el segundo más grave en su tipo en el país. Ocurre que los custodios del local, que no percibieron de inmediato el accidente, cerraron la única puerta de acceso para evitar «la salida sin pagar».

Fueron minutos preciosos hasta que advirtieron el error. El relato del estudiante de medicina Murilo Tiecher, una de las 2.000 personas que –según estimaciones extraoficiales– estuvieron en el boliche, no deja dudas. «Los custodios trataron de impedir nuestra salida, y a eso se sumó que había unas barreras colocadas en la entrada del local para organizar el ingreso. Había que saltar por encima de ellas para ganar la calle», dijo el joven de 26 años. Una vez sorteada esa traba, Tiecher y quienes pugnaban por escapar de las llamas y el humo, se topaban con los guardianes que «habrían los brazos para bloquear el paso. No se daban cuenta de la gravedad de la situación, no veían el incendio de adentro. Y recién reaccionaron cuando el humo llegó a la puerta». Hasta ese momento, creían que la salida en estampida de la gente era a causa de una pelea entre grupos rivales. «No querían que nos fuéramos sin pagar», narró Tiecher. «Si no hubieran trabado la salida, muchas vidas se habrían salvado», agregó.

Anoche, la administración de la discoteca Kiss lamentó la tragedia y sostuvo en una nota que sus trabajadores «están debidamente entrenados y preparados para cualquier situación de contingencia». Asimismo, dijo que la prioridad de la empresa era asistir a los sobrevivientes y las familias de las víctimas, para lo que ofreció un «equipo multidisciplinar» con psicólogos y médicos.

Otro testigo relató que los bomberos entraron muy rápido en acción y que muchos de quienes se habían salvado intentaron regresar al interior del local en llamas para rescatar víctimas. «Pero el humo ya no permitía ver lo que ocurría adentro.

Sólo se escuchaban gritos desgarradores. Llegamos a rescatar algunas personas agarrándolas de los cabellos. Muchos salían en calzoncillos y en bombacha: usaron las camisetas para protegerse del humo», dijo un sobreviviente.

Cuando llegaron los bomberos, tuvieron que derribar una pared de la disco para usar las mangueras de agua. «Vi muchos chicos con paros cardíacos», relató un rescatista. Muchos de los estudiantes se equivocaron y entraron a los baños, cuyas puertas estaban junto a la salida. » Encontramos decenas de cadáveres apilados contra las paredes», comentó un policía a la TV brasileña. Hasta anoche no se sabía exactamente el número de personas que estaban en el local, cuyo permiso de funcionamiento había vencido en agosto último. Pero la disco estaba a full en el momento en que estalló el incendio. Uno de los seis músicos de la banda figura entre los muertos.

Esta es la segunda gran tragedia brasileña. La primera ocurrió en 1961 cuando se quemó el Circo Americano y dejó 503 víctimas en Niteroi. Anoche, Dilma dispuso tres días de luto nacional.