De no creer – La búsqueda de Héctor Navarro de su hija terminó. Sólo la pudo ver cuando tenía seis años y medio fallecida en la morgue de una ciudad de Buenos Aires.
Por Francisco Díaz de Azevedo / El Trébol Digital Héctor Navarro tiene 43 años, nació en El Trébol y es dueño de una dolorosa historia y de la separación más difícil que puede tener un hombre o un padre como es la de un hijo.
Pero además una historia con el peor final que uno pueda imaginar.
Tras haber vivido en concubinato con una paraguaya llamada Eva Rojas durante algunos años, un día sorpresivamente fue abandonado por la mujer, quién en la partido se llevó a su pequeña hija, a la que nunca más pudo recuperar y nunca más recuperará.
Navarro es metalúrgico independiente y vive sus padres Miguel y Lucía y su hermano Edgardo. Héctor conoció a su mujer Eva Lucía Rojas, paseando por Paraguay en el año 2006.
Juntos tuvieron a Emely, que nació el 18 de mayo de 2006.
Pero en enero del 2007, la vida le cambió para siempre a Navarro. Le firmó un permiso para que Eva y la pequeña viajaran a Paraguay a visitar a la abuela de la beba y nunca más vio a su hija.
«Nunca me esperé algo así, nunca», dice Héctor consternado. Rojas sólo le envió un texto a través del celular diciendo que cortaba la relación y que nunca no iba a volver más a El Trébol. No tenía motivos para hacer algo así porque no había mala relación ni nada que se le parezca. Al principio creí que sería algo momentáneo pero no fue así y tuve que iniciar dos juicios, uno judicial y otro diplomático y además debí realizar un sinfín de trámites.»
En la vida de Navarro comenzaron los viajes al vecino país y la desesperación por no poder ver a su hija ni saber qué era de su vida. «La ví a mi hija en Paraguay cada vez que viajé, es decir una vez por mes mientras que su mamá la veía una vez cada tres meses porque la abandonó.
Pasaron muchas idas y vueltas. Viajes a Paraguay, encontronazos con la justicia y verse las caras con la peor corrupción. Pero Navarro jamás volvió a ver a su hija, al menos con vida.
Interpol
«En el 2007 empecé a trabajar para la Interpol y así yo poder seguir a mi hija. Entonces viajaba a Paraguay, sacaba fotos, la veía sin que ella me viera. Yo pasaba con mi abogado con autos con vidrios polarizados negros. En cuatro años viajé 32 veces a Coronel Oviedo en Paraguay para seguirla de cerca. Después, como yo inicié un juicio para poder retornar con mi hija a Argentina, la relación con la madre se deterioró y no la pude ver más. Yo trabajé para Interpol un año seguido. Cuando salió lo del juicio, Eva empezó a escaparse. Ella había dado a la nena en adopción pero se pudo romper un papel trucho que una abogada había hecho en Paraguay y así no siguió adelante lo de la adopción».
Vuela a Argentina
Pero un día Emely volvió al país. No fue con Héctor sino con la madre. No fue a El Trébol, sino a la Provincia de Buenos Aires.
«Me entero que entra al país el 18 de mayo del 2010 con la madre. Migraciones me llama a mi casa. Un día, nos convoca el Grupo Clarín a Buenos Aires. Estaba también Telefé y TN. Mi reportaje salió al aire y la maestra de jardín de Emely me ve y hace la denuncia», contó Navarro.
La nena estaba en Rauch, una ciudad de 18.000 habitantes de la provincia de Buenos Aires.
«La madre fue detenida y me lo comunicaron a mí. La Justicia de Buenos Aires la obligó a que yo tenga contacto con mi hija por teléfono y en dos meses cambió el celular y volví a perder toda señal».
Pero las penurias por tener a su hija siguieron. «La madre me empezó a extorsionar, que para ver a mi hija tenía que pasarle una cuota alimentaria de mucha plata. Fue negado por la justicia y empecé los trámites por un régimen de visitas y al cabo de un año y medio nunca salió».
Fatal desenlace
El 3 de noviembre de 2012, a las 20 hs. Emely iba en su bicicleta por la Colectora Alvear, a la altura de la calle Aristóbulo del Valle, cuando fue atropellada por un auto. A los seis años, Emili pedaleaba sola por la ruta, en cercanías de Rauch. Fue embestida por una mujer de 22 años, que en la desesperación la cargó y la llevó al Hospital.
Emely presentaba golpes en los riñones, el pulmón, varias fracturas y uno traumatismo muy severo en la cabeza, justo detrás de su oído izquierdo.
Navarro fue avisado el 4 de noviembre a las 17 hs. Viajó durante toda la noche junto a su hermano Edgardo y sus padres Miguel Navarro de 65 años y Lucía Marquez de 64.
Cuando restaban 15 kilómetros para llegar a Rauch, un llamado al celular de Héctor le notificó lo peor. La pequeña Emili acababa de morir.
«Me llamó la policía. En ese momento sentí bronca e impotencia. Fui al hospital de niños de Azul, donde estaba internada Emely. Me recibió la jefa de terapia intensiva y la Dra,. Me contó los problemas que tenía la nena en su cuerpo. Después fui a verla a la morgue».
El peor reencuentro
«Sólo me encontré con una camilla y una criatura tapada con una sábana blanca. La destapé y ví a mi hija después de cuatro años. La abracé y la besé pero ya estaba muerta. Era mi hija, estaba igual».
Navarro viajó a Rauch para hacer los trámites de sepelio y sepultura. La madre nunca hizo un solo papel. «A la madre sólo la escuché que lloraba en el velorio y de lejos apenas la ví. Es una mujer desalmada totalmente».
El velorio empezó a las 15 hs y hasta las 17 y 30. «Mandé a cerrar el cajón y a que la enterraran. Me fui, no quise ver más nada».
La noticia del accidente y el posterior deceso de la menor generaron un fuerte impacto en la ciudad. A lo largo del todo el día fueron muchas las muestras de dolor ante la desaparición de la nena. La Escuela Nº 1 y el Centro Educativo Complementario Nº 801, lugar donde asistía Emely cerraron este lunes sus puertas como muestras de dolor. Por la tarde en el velatorio fueron innumerables las condolencias de la gente.
Malas compañías
Navarro tuvo malas sensaciones, aún en el sepelio de Emely. El ambiente no le gustaba y hasta fue amenazado. «En el sepelio me empecé a dar cuenta del todo en el ambiente en que se manejaba la madre. A los 10 minutos de que se abrió la puerta de la Sala Velatoria empezaron empezaron a llegar unas 20 dominicanas. Todas prostitutas. Además, uno de los muchachos que «manejaba» a mi mujer y a las otras chicas, me amenazó para que no trajera la nena a El Trébol. Nos «sugirieron» que dejáramos todo como estaba y que Emely fuera enterrada en Rauch. Nos dijeron que iban a quemar la cochería y que no íbamos a salir vivos ni mi familia ni el dueño de la cochería si nos llevábamos a la nena. Me hablaba siendo sobrador y frío».
«Te encontraré en el cielo»
«A mi hija la ví cuando tenía un año y medio y después en la morgue a los seis años y medio», dice Navarro totalmente desbastado mientras mira una foto gigante de Emely.
pero su lucha sigue: «Mi compromiso fue traer a mi hija a El Trébol. No voy a parar hasta conseguirlo. Con la bronca que en vez de traerla de la mano la traeré en un ataúd».
Mira la foto, y suelta desgarrado: «Te encontraré en el cielo».
