Alerta por fusariosis de la espiga en lotes con trigo

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– Hubo infecciones en Entre Ríos y Santa Fe; se destaca el uso de mapas de riesgo elaborados por el INTA La fusariosis de la espiga del trigo (FET), causada principalmente por f usarium graminearum ocurre en todas las regiones cerealeras del mundo. Sus epidemias generalmente están asociadas a períodos de mojado de la espiga prolongados, de más de 48 horas durante la antesis, y temperaturas de 20 a 25 grados, extendiéndose hasta la formación de grano lechoso/pastoso. Estas condiciones suelen ser más frecuente en años Niño cuya intensidad se manifiesta claramente durante este mes de octubre con gran parte de los trigos en floración.

El aumento de la frecuencia y de los daños directos está ligado, posiblemente, al cambio climático regional, al aumento del área de monocultivo y de especies susceptibles y al sistema de siembra directa sin rotación.

Una herramienta útil

Una de las herramientas más prácticas, fáciles y útiles con que cuenta, productores y asesores es la consulta de los mapas de riesgo de la fusariosis en la región pampeana, elaborados por el Instituto de Clima y Agua del INTA Castelar. Allí, con los datos de predicción de los modelos elaborados por Moschini y colaboradores se diagraman mapas de riesgo de esta enfermedad (rojo, amarillo y verde). La información del riesgo zonal puede consultarse en http://climayagua.inta.gob.ar/mapas_del_grado_de_riesgo_de_la_fet

A modo de ejemplo, el mapa del 5 de octubre mostraba una región roja de alerta involucrando parte de Entre Ríos y Santa Fe. A los pocos días de esta alerta se observaban espigas con espiguillas infectadas.

Varios productores decidieron realizar la aplicación en trigo y cebada convirtiéndose en la segunda aplicación que recibía estos cereales. La última lectura, del 22pasado, anuncia un riesgo moderado (amarilla) para una gran parte norte de la región pampeana.

De acuerdo a las probabilidades de infección analizadas con los modelos ambientales se cuenta ahora con mayor certidumbre para decidir el control químico.

La protección química contra esta enfermedad se basa en el uso de fungicidas protectores que eviten principalmente la entrada del patógeno, anulando la infección cuando las esporas del hongo se depositan sobre las anteras expuestas. El período sensible abarca todo el lapso con disponibilidad de anteras presentes (alrededor de 30 días en lote comercial). Los órganos a proteger deben ser las anteras expuestas y las presas, pues son los órganos susceptibles a la infección. Consecuentemente el período de predisposición del trigo se extiende desde la aparición de las primeras anteras hasta cerca de la madurez.

Si se aplicara un fungicida, debería ser hecho en plena floración, cuando el cultivo presente la mayor proporción de espigas con anteras de modo de proteger al mayor número de anteras y evitar las pérdidas más elevadas que ocurrirían si la infección comienza en el inicio de floración.

Debido a las características inherentes de este patógeno no es posible el control después de la aparición de los síntomas. Por eso, el control de esta enfermedad debe ser preventivo, aún cuando se utilicen fungicidas de acción sistémica, como el tebuconazole, metconazole o bencimidazoles (carbendazim, metiltiofanato). La técnica de aplicación y el éxito de la deposición del producto sobre las anteras presas y expuestas son fundamentales para el éxito del control. La aplicación terrestre resulta más eficiente que la aérea por permitir mejor mojado (más caudal) y una mejor cercanía al «blanco» (espigas).

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