Fue 2-2 en el Camp Nou y la clasificación a semifinales quedó para el local.

Lo más leido

El Real Madrid estuvo más cerca que nunca, pero otra vez festejó el Barsa – El visitante, que perdía 2-0, lo igualó en cuatro minutos y estuvo al borde del milagro. Un libro de lectura obligatoria. Una película que no hay que dejar de ver. Barcelona y Real Madrid jugaron un nuevo Superclásico de España. En el Camp Nou, definieron el partido revancha por los cuartos de final de la Copa del Rey. Torneo que los Merengues obtuvieron en la temporada pasada tras derrotas a los Culés en la final. Esta vez volvieron a festejar los de Pep Guardiola, pero a pesar de quedar eliminado el equipo de José Mourinho puso en jaque como a nadie al llamado a ser el «mejor equipo de la historia».

Fue 2-2 en un partido que tuvo de todo. Parejo por donde se lo mire, fueron los detalles y los momentos de inspiración de los mejores jugadores del mundo los que definieron el partido. Real Madrid salió a presionar a su rival. Contra la raya de fondo, si era necesario. Y puso en aprietos a la defensa de Barcelona, que fiel a su estilo, intentaba salir jugando. Un pelotazo del alemán Ozil se estrelló en el travesaño a los 26 y paralizó corazones catalanes en el Camp Nou. Por ambición y convicción, la visita estaba más cerca del gol.

Barcelona se reacomodó en el campo. Y aunque le costó generar sus ya clásicas triangulaciones, pudo imponer su juego en la segunda mitad del primer tiempo. A un toque, velocidad y picar al espacio vacío. Así Busquets, Xavi e Iniesta jugaban y hacían jugar a un equipo asfixiado. Pero a los 29, el Cerebro tuvo que dejar el campo de juego, lesionado, y su lugar fue para Pedro.

La paridad alejó la pelota de los arcos, pero nunca el partido perdió brillo. Y sobre el cierre del primer tiempo apareció Lionel Messi. A los 43, tomó el balón en tres cuartos del campo rival y aceleró. Pasó el balón entre Pepe y Arbeloa para dejar solo a Pedro en el área. Toque de derecha al primer palo y 1-0. Explotó el Camp Nou. Y voló por los aires cuatro minutos más tarde, cuando Dani Alves disparó de primera y a la carrera un balón desde el vértice derecho del área grande. Cruzado y al ángulo. Espectacular.

El 2-0 en el vestuario parecía sentenciar la serie. El 2-1 para Barcelona en la ida, en el Bernabéu, obligaban a Real Madrid a marcar tres goles en 45 minutos. Los últimos. Barcelona se relajó e intentó controlar la pelota, con paciencia y menos velocidad. Su rival, en apuros, no tenía opciones. Debía nadar a la costa a todo pulmón o ahogarse y quedar a la deriva.

Mourinho movió el banco a los 17: Callejón y Benzema por Kaká e Higuaín. Real Madrid reaccionó con los cambios de su entrenador. Y a los 23, Ozil habilitó a Cristiano Ronaldo con precisión quirúrgica y el portugués definió con aplomo para descontar. Todavía le faltaban dos gritos más para darle la voltereta al marcador.

El milagro. Real Madrid jugó un partido casi perfecto y a un ritmo sorprendente durante los 90 minutos. Un error de Piqué dejó a Benzema con el balón en el área: sombrero a Puyol y definición de derecha para el 2-2. Golazo y la clasificación al alcance de la mano.

El cierre del partido fue a pura emoción. Una de Messi, de zurda, en una contra, con el Real Madrid volcado y jugado en ataque (y con 10 hombres por la roja a Sergio Ramos). Apenas afuera. Un Barcelona que tiró pelotazos sobre el final (Mascherano ingresó por Alexis Sánchez) y no pudo recuperar el balón, el objeto preciado. El que necesita Barcelona para ser el Barcelona. El Madrid presionó y quemó músculos y neuronas en busca del triunfo que no iba a llegar. Guardiola apretó el puño cuando sonó el silbatazo final y se fue al vestuario con la satisfacción de haber conseguido el pasaje a las semis, pero con la certeza de haber sido superado por un rival, tal vez por primera vez desde que es entrenador del equipo catalán, uno de los mejores de la historia.

Más artículos

 

Últimos artículos