El gobierno lo calificó de fenómeno pasajero. Pero hay preocupación porque el sector manufacturero se contrajo 0,1% y cayó la demanda de las familias.

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Se frena la economía de Brasil: marcó cero en el tercer trimestre – El país había crecido sólo 0,7% en el segundo trimestre. Temor por la crisis global. El crecimiento nulo de la economía brasileña en el tercer trimestre del año, confirmado ayer por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), es una tormenta amenazante en el horizonte del país. No hay cómo prevenir que el estancamiento productivo desemboque en un proceso recesivo si es que las medidas adoptadas la semana pasada por el gobierno de Dilma Rousseff no fueran suficientes. Ayer el ministro Guido Mantega intentó infundir tranquilidad. Es un fenómeno «pasajero», declaró.

A su juicio, ese «contratiempo» fue producto de la cautela inicial del gobierno que prefirió, hasta pasada la mitad del año, poner el foco en el control de la inflación. Ocurre que la economía del país ya venía con pérdida de velocidad desde marzo último. Así, en el segundo trimestre del año, el crecimiento había resultado de 0,7%.

Pero el gobierno demoró en aplicar las herramientas contra el retroceso productivo. Y el impacto se sintió de inmediato en el mercado interno. Todos los componentes de la demanda interna registraron caídas entre julio y septiembre. Desde los gastos del gobierno hasta las inversiones y la demanda de las familias, que disminuyó 0,1%. Aun así, Mantega intentó transmitir su optimismo. Subrayó que debe aguardarse para este final de año «una aceleración de la economía gracias a que las medidas que frenaban el crecimiento ya fueron revertidas».

Se refería a la reducción de la tasa de interés que había crecido rápido entre enero y julio, para luego comenzar un proceso de descenso con lo que el nivel volvió al que tenía antes que Dilma asumiera el mando. «No sólo bajamos los intereses sino que también redujimos el impuesto a las operaciones financieras que regía para los créditos», dijo el funcionario. Esa tasa era de 3% y disminuyó a 2,5%. A estas decisiones se sumó un estímulo al consumo de bienes durables, básicamente de la línea blanca. En conjunto, dijo el ministro, «estas resoluciones forman parte de la reactivación».

Si para el gobierno el estancamiento «es reversible», para los especialistas el escenario exige cautela. Primero, porque la producción industrial brasileña sigue una tendencia declinante. Cayó 0,1% en el tercer trimestre y con suerte cerrará el año con un gélido crecimiento de entre 0 y 1 %. Es que el sector manufacturero sufre un impacto combinado de fuerzas negativas: a la retracción del consumo en los principales mercados como Europa y EE.UU., se le suma el efecto destructivo del tipo de cambio desventajoso para las exportaciones fabriles (como se verificó a lo largo del año).

Es por eso que las miradas están puestas en el mediano plazo; es decir, marzo de 2012. El gobierno de Rousseff confía que las medidas implementadas para revertir el ciclo de estancamiento mundial darán resultado en el mediano plazo. Pero Dilma no está completamente tranquila. En los largos pasillos del Palacio del Planalto flota un interrogante. ¿Qué pasará si finalmente se concreta la amenaza de Standard and Poor´s de rebajar la nota de la mayoría de los países de la zona del euro? Según indicaban ayer los principales diarios brasileños, el Palacio del Planalto monitorea «con preocupación la caída de la actividad industrial». De acuerdo con los medios, «fue ese factor el que contribuyó en forma decisiva para que el crecimiento del PBI fuera cero». Ayer por primera vez, y pese a su tono positivo, Mantega admitió que este año habrá un pobre crecimiento: «Estará más cerca de 3,2% que del 3,8% calculado previamente». En cuanto a lo que puede ocurrir en 2012, las estimativas son cada vez más conservadoras. Antes se hablaba de más de 5%. Ahora se menciona entre 4 y 5%.

Mantega sostuvo que el cuadro «es reversible». Mencionó como un dato clave que el control del crédito está en manos del gobierno: «Podemos disminuir o aumentarlo». Los economistas toman en cuenta otras variables. Afirman que la demanda fue empujada en gran medida por las inversiones. Pero ahora, el único motor es el del consumo de las familias. Un dato llamativo es el papel del sector agropecuario. Sin él, los resultados hubieran sido peores, sugirió Rebeca Palis técnica del IBGE.

Clarin

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