Le ganó 1-0 con toda justicia a un Boca que fue un fiel reflejo de su mala actualidad.

River se desahogó en el Superclásico – El gol fue de cabeza de Maidana, el ex Boca que hizo gritar al Monumental.

River se quedó con un triunfo que necesitaba como nadie. En el Monumental le ganó el Superclásico a Boca por 1-0, gracias a un gol de Jonathan Maidana, un ex Xeneize. Le sirvió para llevar calma a Núñez, confirmar a Juan José López como entrenador hasta fin de año y casi desbancar a Borghi del banco de su máximo rival. Los de la Ribera cierran un año para el olvido.

El local llegaba con la presión de sumar para escaparle a la zona del descenso. La visita, con la obligación de hacer un buen papel para olvidar un año pésimo y también resguardar la cabeza de su entrenador. Esos eran apenas unos de los pocos ingredientes que se presentaban en el inicio del partido. Un arranque caliente y muy disputado, con escasez de fútbol. Con choques entre Jesús Méndez y Matías Almeyda, Erik Lamela y Javier García y los de siempre que van a «copar la parada», los que nunca faltan en los clásicos. Al contrario, abundan.

A la hora de jugar a la pelotita, lo mejor llegaba en ese inicio del lado de River con un Roberto Pereyra imparable. De Boca, poco y nada, especialmente de un Riquelme con alguna molestia. De hecho, el Diez había llegado a pedir el cambio cuando apenas iban 11 minutos, para luego se echarse para atrás y hacer que Cristian Chávez volviera a sentarse en el banco junto a Claudio Borghi.

Entonces, con Pereyra como el mejor, River comenzaba a jugar en el campo de su rival. Y contaba con las chances más claras. El zurdo mediocampista se las ingeniaba siempre para atacar por el sector izquierdo, pasando a un nervioso Méndez y siempre encarando mano a mano a los defensores en una línea de tres algo mentirosa. Caruzzo y Cellay, especialmente, lo sufrían.

Era de los pies del propio Pereyra que llegaba la primera chance clara del partido. El tucumano encaró por su sector, se metió en el área y tiró un centro para Paulo Ferrari, que estaba instalado en el área. El lateral tocó con su pierna izquierda, pero la pelota se fue por encima del travesaño. Susto grande para Boca, que no iba a parar de sufrir hasta muy cerca del final del primer tiempo.

Antes, Mariano Pavone había tenido un remate desde afuera del área tras una buena jugada de Matías Almeyda. Después, Javier García se las ingeniaba para tapar otras dos claras para el Millonario, amplio dominador hasta ese momento.

Recién sobre el final, Boca podía salir del asedio de River. Pero se tenía que conformar sólo con eso, con sufrir un poco menos de lo que lo venía haciendo.

Para el segundo tiempo, efectivamente, Boca perdía a Riquelme. Román, que llegaba con una tendinitis, no podía seguir y tenía que dejarle su lugar, ahora si, a Chávez. Y toda la ilusión del xeneize de recuperar el fútbol que no tuvo sin el Diez, se iba nuevamente al tacho.

Encima, River volvía ser más en el arranque. Primero, con un tiro libre de Lamela, que García se encargaba de desviar al córner. Después, con el que iba a ser la apertura del marcador.

A los 8 minutos, un centro desde la derecha fue al medio del área. En el revuelo de jugadores apareció Jonathan Maidana, un ex Boca, para cabecear una pelota que se metió, tras un pique, en el segundo palo de García. No hay peor cuña que la del mismo palo, dicen. Y el defensor le hizo honor a la frase escapándose a la marca de Cellay.

Con la desventaja, Borghi tenía que cambiar y lo intentaba con los ingresos de Luciano Monzón y Lucas Viatri por Méndez y Pablo Mouche. Pero el efecto esperado no se parecía ni un poco al conseguido. Boca seguía con anemia futbolística, aunque River ya le cedía los espacios.

Pasaban los minutos y Borghi preparaba su despedida. River, tan nervioso como Boca, esperaba el final. La historia parecía cerrada. La alegría era toda millonaria.

Así fue, efectivamente. River ganó un Superclásico que necesitaba y le metió una puñalada más a un Boca que por más que gane los cinco partidos que quedan, ya cerró un año pésimo, sin resultados y aún con menos fútbol. Las próximos horas serán de calma en Núñez, una calma que no encuentra desde hace varios meses.

Fuente: Clarín.com