Se impuso 1-0 con un gol de Di María en posición adelantada en el primer tiempo.

Argentina controló bien a Irlanda y ganó en Dublín – La Selección dominó el partido, aunque tuvo pocas llegadas. El primer partido de Batista como técnico de la Selección generaba la expectativa lógica de cualquier comienzo de ciclo, más allá de que el Checho hubiera asumido interinamente. Eso convivía con la ansiedad por ver cómo se iba a comportar este equipo tan parecido a aquel que hace apenas 39 días se había despedido dolorosamente del Mundial ante Alemania. Y la primera versión no ofreció demasiado distancia de aquello que se vio bajo la conducción de Maradona. Aunque esta vez la victoria, aunque sea en un amistoso, sirva para tapar algunos defectos.

Los primeros minutos mostraron a un equipo con bastante de lo bueno y lo malo que había tenido Argentina en Sudáfrica. De un lado la vocación ofensiva y el entusiasmo, del otro algunas dudas en defensa y cierta anarquía -seguramente inevitable- para tratar de llevar peligro al arco rival. De todas maneras, le alcanzó al equipo de Batista para dominar los primeros minutos del partido, aunque sin crear grandes oportunidades de riesgo.

La novedad fundamental con respecto a la Selección de Maradona fue el ingreso de Banega por Tevez para reforzar la zona de volantes. Argentina ganó algo de manejo en la zona de creación, aunque perdió opciones de mitad de cancha para adelante. Tuvo dificultades para generar peligro y depositó buena parte de sus esperanzas en Messi, quien mostró muchas ganas de hacer las cosas bien y desequilibrar. Como en los últimos partidos en Sudáfrica, Leo pareció otra vez demasiado empecinado en hacer su gol, como si todavía estuviera marcado por el estigma de no haber podido convertir en el Mundial.

El gol de Di María, a los 19 minutos, fue un sacudón dentro de un partido en el que no pasaba gran cosa. Sacó de arco Romero e Higuaín, conocedor de lo fuerte que le pega el arquero del AZ Alkmaar, esperó la pelota a espaldas de los centrales irlandeses. La rozó y descolocó a los defensores. La pelota le quedó a la nueva estrella del Real Madrid, en posición adelantada que no sancionó el asistente. Y definió por arriba del arquero ante la protesta de los irlandeses.

Con el 1-0, Argentina se tranquilizó porque se le había resuelto buena parte del problema. Es que en tren de defenderse con la pelota, más allá de cualquier vaivén, Argentina sigue siendo uno de los seleccionados más fuertes del mundo. Así fue como, siempre sin demasiado peso en el área de enfrente, manejó con comodidad la ventaja.

En el segundo tiempo Argentina mostró el mismo libreto que había tenido después del tanto de Di María. Buen control de la pelota y tratar de sorprender con algún ataque a fondo, esto último algo que se dio más bien poco. Conspiró también para eso la gran cantidad de cambios en el equipo, con seis variantes, pero tampoco había habido demasiado peso ofensivo en los primeros 45 minutos. Es verdad que del otro lado Irlanda no mostraba mucho, aunque le alcanzó para generar angustias metiendo centros en los últimos instantes del partido.

Se cerró así con victoria la primera presentación luego del Mundial, con la novedad de Batista en el banco de suplentes. Era imposible que se sacudiera en un amistoso toda la tristeza que se vivió con el 0-4 ante Alemania. Pero también es cierto que volver a jugar es un camino inevitable para poder construir nuevas ilusiones. Y en ese sentido, la victoria lleva algo de alivio.