Perdió 2-1 contra una Holanda a la que dominaba y vencía con gol de Robinho.

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Brasil, sin reacción, se fue del Mundial por la puerta de atrás – En el complemento, un error del arquero Julio César causó el empate, de Felipe Melo en contra. El equipo nunca se recuperó, Sneijder lo dio vuelta y Felipe Melo se fue expulsado. En semis, Holanda espera al ganador de Uruguay-Ghana. Se habían ido antes de tiempo Francia, Italia e Inglaterra. Pero el Mundial tenía preparada en Port Elizabeth su máxima sorpresa: Brasil, el gran favorito, el quíntuple campeón mundial, se fue en silencio y con una actuación sólida al principio y absolutamente deshilachada al final. Holanda, que recorrió el camino inverso, le ganó con claridad 2-1 y conmocionó la Copa del Mundo.

En el duelo entre dos estructuras sólidas y compactas, fue Brasil el que comenzó a prevalecer después de un comienzo en el que los dos parecieron estudiarse y las fricciones y las exageraciones pudieron más que el fútbol. De a poco, la tarea de Dan Alves por derecha y de Robinho por izquierda fueron demasiado para Van Bommel y De Jong, curiosamente desordenados e imprecisos.

A los 7, en una suerte de anuncio, Robinho anotó tras recibir de Dani Alves, pero el del Barcelona estaba adelantado. Y a los 9, Felipe Melo metió un pase recto y en cortada para Robinho, que apareció libre de marcas y tocó de derecha pisando el área grande ante un indefenso Stekelenburg.

Holanda no aparecía y no parecía Holanda. Brasil, sólido y maduro, acumulaba méritos como para quedarse con el duelo. Entre Juan y Michel Bastos se las arreglaban para controlar a Robben, el único argumento de ataque holandés. Gilberto Silva maniataba a Schneijder y Lucio, a Van Persie. Y adelante, Kaká, que comenzó frío, fue entrando en el partido aportando dosis crecientes de talento. Mientras los europeos se arrimaron con un par de disparos desde lejos, cada estocada brasileña preanunció el segundo gol.

A los 25, un derechazo de Juan se fue apenas alto. A los 30 combinaron Robinho, Luis Fabiano -de taco- y Kaká, cuyo derechazo en comba buscó un ángulo pero el arquero envió al corner. Y a los 44, el propio Kaká -jugando definitivamente como un diez clásico, arrancando desde atrás y conduciendo con maestría- cedió a Maicon, que entró por derecha y remató apenas afuera.

Pero el segundo tiempo fue otra cosa. Al menos en su arranque. Holanda salió con otra actitud y buscó meter a Brasil contra su arco. Encontró y rápido premio a los 9, cuando Snaijder envió un centro de zurda desde la derecha y contó con la complicidad del arquero Julio César, que salió a destiempo y chocó con su compañero Felipe Melo. La pelota pegó en la cabeza del volante y se tradujo en empate.

Brasil sintió el impacto. El equipo de Dunga perdió el control de la pelota y retrocedió esperando que pasara el temporal. Holanda, lleno de confianza y con Robben, Snaijder y por fin De Jong brillantes, se adueñó del desarrollo. Y en minutos lo traduciría en ventaja. Brasil arrimó peligro dos veces por Maicon y Kaká, pero a los 22, Snaijder recibió un cabezazo en el área de Kuyt y cabeceó él también debajo del arco: 2-1 y sorpresa general. Por primera vez en el torneo, Brasil quedaba abajo. ¿Se recuperaría?

La expulsión de Felipe Melo por un grosero planchazo a Robben lo complicó aún más. Dunga mandó a Nilmar por Luis Fabiano a los 32, pero Robben siguió incontrolable y Holanda dominó a voluntad. Inconexo, casi entregado, Brasil jamás se aproximó al empate. Y hasta se expuso al tercero. Llegó el final y el gran candidato se fue del Mundial por la puerta trasera. Holanda, que reaccionó a tiempo como no lo supo hacer su rival, le había dado una lección.

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