Donde está Bruno Gentiletti?

Lo más leido

Doce años después de su desaparición – Marisa Olguín sigue buscando a Bruno Gentiletti. Su hijo desaparecido en el balneario de la Florida hace 12 años. Una historia conmovedora y llena de dolor que busca con esperanzas un final felíz. DOCE AÑOS DESPUES, CON LA MISMA FUERZA Y LA MISMA ESPERANZA
Marisa Olguín sigue buscando a Bruno Gentiletti. Su hijo desaparecido en el balneario de la Florida hace 12 años. Una historia conmovedora y llena de dolor que busca con esperanzas un final felíz.
Por Francisco Díaz de Azevedo

El sol arrasa con todo a la hora de la siesta en Las Rosas. La casita blanca de Juan de Garay al 800 espera por nosotros. Estaciono y enseguida sale una mujer bajita y rubia que sonríe y saluda cordialmente. Trata de ser amable pero enseguida un gesto de tristeza se instala en los ojos para no irse nunca. Es Marisa Olguín, que además de ser mamá de cinco hijos y vivir en Las Rosas, es tristemente conocida por ser la mamá del pequeño desaparecido en las playas de La Florida, hace exactamente 12 años, Bruno Gentiletti.
Hoy ella vive sola con sus hijos María Belén de 23 años, Martín de 21,Franco de 19 y Gisela de 16. Su matrimonio con Claudio Gentiletti ya es parte de la historia, que incluso empezó antes de la desaparición de Bruno.
Marisa, tras toda una vida de novios, se casó un día de 1985 con Claudio y muy rápido llegaron María Belén en el 86´, Martín en el 87´, Bruno en el 88´, Franco en el 90´y Gisela en el 91´. «A los 25 años ya tenía 5 hijos. Viví todo muy de golpe». Dice Marisa, amable y con una sonrisa en los labios.
La charla empieza recorrer su pasado y su presente tratando de no dejar detalles librados al azar. Ella enseguida hace una mueca y susurra. «Vivía aturdida. Trabajaba todo el día, los chicos iban a la escuela en doble escolaridad, teníamos la casa en el campo y llegábamos tarde a la noche y los bañaba juntos porque nunca alcanzaban las horas. La verdad es que me arrepiento de haber vivido tan en el desenfreno».
La casa de Marisa es acogedora y muy familiar. Una barra separa la cocina donde los chicos hacen unos mates. Martín no se pierde nada de la conversación. Llega Gisela, la más pequeña de la familia y también se sienta a compartir la mesa. Un rato después arribará Franco, el más serio de todos, tras su primer día de trabajo en una estación de servicio. «Son todos muy trabajadores. No puedo decir nada de ellos». Acota Marisa. Minutos después María Belén se suma a la charla y también se ubica cerca de la mamá.
Más allá, en un lugar en penumbras, se ven las fotos de Bruno que casi nadie conoce. Las que no aparecen ni en los blogs ni en las páginas de Internet. Bruno con sus hermanos, Bruno en el campo, Bruno en el cole, Bruno … Bruno … Bruno.
El motivo de la charla no puede ser otro. A Marisa, una mujer agradable, de buenos modales y palabras medidas al hablar, nunca se le termina de ir ese gesto de tristeza que delinea sus ojos. A veces se quiebra, pero casi no llora. Pasaron doce años, pasó una vida, pero la cicatriz no se cierra nunca.
Cuantos años tendría Bruno hoy?
«Bruno TIENE 21 años». Dice firme y remarca el «tiene».
Lo decís muy segura.
«Lo digo y me enojo cuando hay gente que lo da a Bruno por muerto. Bruno está vivo».

Ese domingo trágico
La familia Gentiletti viajó temprano ese domingo 2 de marzo de hace 12 años a la Florida. «Yo quería ir a la Florida porque hacía una semana que estábamos programando el viaje para festejar el cumple de Franco. Habíamos hecho una cúpula de lona en una camioneta Fiat 125 que teníamos. Fuimos por la Ruta 34, y al llegar estacionamos cerca de la rotonda de la Nueva Florida. En ese viaje estábamos viendo con Claudio qué pasaba entre nosotros, porque él ya vivía en otro lado. De alguna manera estábamos viendo si la cosa podía seguir». Recuerda y relata: «Nos bajamos y Bruno se sacó las zapatillas, entramos, alquilamos una sombrilla y buscamos un lugar en la arena. Claudio se metió con los chicos al agua, después fui yo llevando a Bruno conmigo. Apenas nos metimos, Bruno me señaló que se había olvidado los tapones de los oídos». Recuerda Marisa. Es que el pequeño había sido operado de sus oídos por tener otitis secretoria ocho meses antes y tenía mucha precaución de mojárselos.
Inmediatamente salió sólo del agua y volvió a la arena. «Bruno se cuidaba mucho del agua. No se duchaba ni se mojaba sin sus tapones». Añade la mamá.
En horas del mediodía, Marisa llama a los chicos para almorzar unos sándwiches y acuden Gisela y Franco. «Donde está Bruno?», les pregunta Marisa. «Se fue al tobogán. Ya había ido antes pero se había vuelto porque no estaba habilitado pero ahora se volvió a ir». Le contestan los chicos.
Esa mañana de calor, no había mucha gente en el lugar y comenzó la búsqueda. «Salimos todos hacia donde nos habían dicho los chicos que se fue. No lo encontramos y empezamos a pedir ayuda». La gente preguntaba como era y que llevaba puesto. Bruno estaba descalzo, con un pantalón verde y sin remera.
Las fuerzas de seguridad inmediatamente comenzaron a inclinar la hipótesis por el lado del río y que el chiquito se hubiera ahogado. «Yo nunca me incliné por ahí. A Bruno no le gustó meterse al agua porque estaba marrón y me lo dijo. Tenía mucho cuidado de sus oídos y no se iba a meter porque sí. Había catorce bañeros ese día y nadie vio nada. La gente tampoco». Dice con voz segura Marisa y apunta hacia otro lado: «Ese día había gitanas en el lugar y a Bruno le había llamado la atención eso. El era curioso y capaz que se fue para allá. No sé». Dice y suelta una mueca de interrogación.
En ese momento la vida de Marisa cambió para siempre. Como también la de Claudio y el resto de los hermanos. «Desde ese momento y por varios meses volví muy poco a Las Rosas. Me la pasaba buscando a Bruno por todos lados. La gente llamaba al ver la foto en los medios y yo iba a todos lados. Las empresas de ómnibus me regalaban los pasajes porque ya me conocían y así fue mi vida. Dejé de ver al resto de mis hijos aunque los llamaba por teléfono».
La mamá de Bruno manifiesta tantas palabras y sentimientos de agradecimiento como de indignación: «Hubo mucha gente que me ayudó mucho, que me apoyó y me dio una mano. Incluso personas que ni siquiera conocía. En cambio las fuerzas de investigación fueron pura desidia e incoordinación».

La búsqueda
«Paso de todo. Fuimos a mil lugares porque la gente nos llamaba y nos decía que lo habían visto. Casi me vuelvo loca porque iba de una punta a la otra del país de un día para otro». Rememora la mujer.
Poco a poco las hipótesis del ahogo en el Paraná fueron evaporándose. «Nunca encontraron nada en el río. Está comprobado que cuando alguien se ahoga, luego sale a flote y se lo encuentra. Prefectura busco en todos lados, hasta en las desembocaduras del Paraná en diferentes lugares».
En medio de la búsqueda, la opinión pública liberó cientos de rumores. «Yo no estaba en Las Rosas así que no escuché nada. Después me empecé a enterar de todo lo que decía la gente. Que Bruno estaba con mi papá en Paraguay cosa que era imposible porque mi papá está casado con una paraguaya pero vive en Buenos Aires y nunca vivió en Paraguay. Hubo acusaciones muy feas pero soporté todo. Si mi hijo estaba perdido por ahí, mirá si le voy a dar importancia a la gente. Eso sí, yo nunca acusé a nadie».
Las penurias siguieron a medida que pasaban los meses y los años. «Lo más penoso fue ver que mi hijo seguía sin aparecer. En Las Rosas me miraban de reojo por todos lados por cosas que decía la gente pero yo me lo bancaba. Sólo una vez estallé. Fue en el 2002 cuando falleció mi mamá. Ella estaba muy enferma y se termina suicidando en un hecho muy raro. Ella se murió quemada en el lugar donde vivía y exploté al escuchar que había gente que decía que eso lo había hecho yo para hacer callar a mi mamá porque ella sabía donde estaba Bruno». Dice y se quiebra, «qué más tenía que pasar yo en esta vida después de esto??? Me hicieron mucho mal».
Los años terminaron de separar a Marisa de Claudio y el matrimonio finalmente dejó de existir. «Lo nuestro ya venía mal y esto nos terminó de desunir. Pensábamos muy distinto uno de otro. El hoy formó otra familia y sigue viendo a los chicos normalmente. Nunca le hice juicio por cuota alimentaria ni nada de nada. Sólo me quedé viviendo en esta casa».
Hubo alguna pista en concreto en 12 años?
«Hubo llamados anónimos pero desde el juzgado nunca fueron bien investigados. Yo presentí desde los primeros días que Bruno no estaba más en el país. Conmigo el juez se llevaba muy mal porque yo le decía las cosas como son. El me decía que Bruno estaba ahogado pero cuando le pedí que me firme el acta de defunción y no lo hizo, entonces le pedí que se declare incompetente. Nunca tuve nada en concreto y nadie nunca nos dijo que lo vieron que se iba en una camioneta o que alguien se lo llevaba o algo así».

Rumores disparatados
Hace pocos años, otro rumor trascendió las fronteras del país. Una historia absurda vinculaba a Bruno Gentiletti con Lionel Messi y diarios nacionales hasta aseguraban que el jugador del Barcelona era adoptado y que podría ser Bruno. «A mí me llamaron a Rosario al Departamento desde el diario La Capital. Incluso el diario La Nación llegó a titularlo. No podíamos creer semejante barbaridad». Recuerda María Belén, la mayor de los Gentiletti. «Yo esperaba que en algún momento llamen los padres de Messi. Una cosa de locos!» Cierra Marisa.

La esperanza
Si está vivo, porqué nunca te dio una señal de que está bien?
«Bruno sabía dos números de teléfono que eran el nuestro y uno del abuelo. Un tiempo después de la desaparición, Telecom agregó un 3 en la característica y un dígito más al número. Después pasan los años y uno se pone a pensar que a lo mejor no lo dejan. Después te decís » a lo mejor lo hace cuando sea más grande» y después te martillás la cabeza pensando cual será el destino y que éste no sea el peor. Hay casos de pedofilia, prostitución infantil, trata de blandas y redes … cuando uno tiene total incertidumbre del destino piensa en un montón de cosas. Ahora cumplirá la mayoría de edad y quizás la historia sea otra. El otro día fui a hablar con un chico que había desaparecido a los 3 años y apareció a los 28 y no era un desaparecido de la dictadura. Es de Buenos Aires y lo había robado en Tucumán, pero un día volvió al lugar con los recuerdos de cuando iba a un kiosco a comprar chupetines en triciclo. Y te hablo de 3 años!!! Bruno tenía 8 cuando desapareció! En algún momento va aparecer.
Cómo te imaginás ese día? Te va a golpear la puerta o te va a llamar por teléfono?
«No! No me lo imagino aunque tengo un sueño recurrente. Sueño que lo voy a buscar, que el me está esperando en un lugar y cuando vuelve la gente lo está esperando».
Sos felíz después de tantos años?
«Trato de serlo a veces porque tengo cuatro hijos más que no tienen la culpa de lo que les pasó. Todos los días pienso en Bruno, pero siempre hay que seguir. Cuando la gente no me ve es porque estoy depresiva y no salgo para no lastimar a nadie. Pero siempre vuelvo a empezar».

Salir de la versión móvil